domingo, 19 de febrero de 2012

Simbiosis intergeneracional

Una foto tomada en la  exposición de los finalistas del World Press Photo 2010 en Santiago de Chile. Dos chicas miraban la foto situada tras el panel en el que aparecen las dos señoras.





jueves, 16 de febrero de 2012

Oteando el horizonte

Dos procesados de una misma foto. La primera es una sola toma tratada con ACR y Photoshop CS5.
La segunda es un HDR a partir de tres tomas fusionadas con Photomatix. Aun siendo importante la diferencia de luminosidad, no parece que el HDR fuera necesario.






martes, 14 de febrero de 2012

Fotografía y Psicología IV: ¿Qué clase de fotógrafo eres?




En una entrada anterior hice referencia a la tipología de creadores propuesta por David Galenson. Por un lado, los "experimentadores". Esos artistas  buscadores incansables, insatisfechos y con objetivos estéticos ambiciosos aunque imprecisos, y que tratan de presentar una explicación del mundo tal como lo ven y experimentan. Por otro lado, los "conceptualistas", quienes con su arte, más que tratar de reflejar el mundo que les rodea, pretenden comunicar mediante imágenes estilizadas sus ideas o sentimientos acerca de la realidad.

Pues bien, si nos situamos en el campo de la fotografía, Eduardo Momeñe establece una dicotomía que nos recuerda bastante a la anterior. En su obra "La visión fotográfica" diferencia entre aquellos fotógrafos que salen a la calle con la cámara dispuesta a atrapar detalles o momentos de un mundo que fluye a su alrededor en continuo movimiento. El artista más representativo de este tipo sería Henri Cartier-Bresson, un fotógrafo rápido, atento a lo que le rodea y que tiene que darse prisa para que no se le escape ese instante decisivo, la mejor fotografía posible de acuerdo a su idea de cómo debe ser una foto. El momento en el que todos los elementos del encuadre se posicionan de la mejor manera para lograr una composición equilibrada y que sorprenda al espectador. No obstante, no es una búsqueda sin objetivo, muchas veces las fotografías buscadas están ya en su cabeza, sólo hace falta tener el olfato y la suerte de encontrarlas.

Son fotógrafos hiperactivos, inquietos, como Cartier-Bresson, pero también como André Kertész, como Robert Capa, como Steve McCurry. Y nos recuerdan a esos "experimentadores"  incansables de los que habla David Galenson.

El otro tipo de fotógrafo está más interesado en construir imágenes, en pedir al mundo que pose para él, que actúe en un escenario construido, como hacía Richard Avedon, uno de los más grandes retratistas de la historia. Este fotógrafo norteamericano no sale a la calle a ver qué encuentra, sino que permanece en su estudio, y crea un espacio en el que sus personajes representan el papel que el director de escena ha preparado para ellos. Si Cartier-Bresson aceptaba el azar del mundo, Avedon provoca las imágenes, crea en una habitación un universo visual. Algo parecido podríamos decir de Gregory Crewdon y sus cuidadas escenificaciones. O de Isabel Muñoz, buscadora incansable de la belleza de los cuerpos. También de Chema Madoz, un artista que construye un mundo propio en su taller para plasmarlo en sus fotografías.

Se trata de fotógrafos pausados, que suelen usar formatos fotográficos menos ágiles y que encajan con esa etiqueta de conceptualistas propuesta por Galenson. Pero no es necesario que permanezcan en su estudio, también pueden fotografiar en el exterior, como hacían Bernd e Hilla Becher cuando documentaban en los años 60 aquellos ejemplos de arquitectura industrial como graneros, fábricas o depósitos de agua.

En definitiva, dos tipos de creadores bien distintos,  cuyo estilo pudo estar muy influido por los rasgos de su personalidad. Y tú, ¿te identificas con alguno de ellos?

domingo, 29 de enero de 2012

Adios a Marruecos

Con estas fotos termina el recorrido visual por este hermoso país.  Espero que os haya gustado.














viernes, 27 de enero de 2012

Fotografía y Psicología III: Sobre la creatividad






Que el fomento y del desarrollo de la creatividad es un aspecto marginado y olvidado por nuestro sistema educativo no es ningún descubrimiento. Nuestra escuela sigue siendo una institución muy anclada en el pasado y lastrada por métodos muy tradicionales, basados en la repetición memorística, que dejan poco hueco para todo aquello que no sean las materias instrumentales básicas. Por ello, no resulta sorprendente que la creatividad sea un bien escaso que sólo aparece de forma excepcional.

 Pero, además, hay razones para pensar que la capacidad para la innovación tiende a disminuir con la edad. Y es que en la medida en que vamos adquiriendo competencias en el ejercicio de una actividad profesional, en nuestro cerebro se van almacenando aquellos esquemas construidos que van a servirnos para afrontar nuevos retos y problemas. Es decir, la maestría o experiencia en una actividad iría acompañada de una menor necesidad de innovar, ya que iríamos tirando de los esquemas aprendidos. Así, podría decirse que con la edad nos vamos volviendo comodones y perdemos capacidad para crear algo nuevo.

Aunque la creatividad es una cualidad necesaria en casi todos los campos profesionales, en algunos, como en el de la creación científica y artística, resulta esencial, por lo que la mayoría de los estudios sobre el curso evolutivo de la creatividad a lo largo de la vida han consistido en analizar la producción de algunos grandes creadores en distintas etapas de sus vidas. Muchos de estos estudios coinciden en señalar la existencia de una curva de la creatividad, aunque también han apuntado la existencia de diferencias en función del área o actividad en cuestión. Así, mientras que científicos y poetas llegan muy jóvenes (antes de los 30 años) a su cima creadora, filósofos o novelistas son menos precoces, y también menos fugaces. También habría que precisar que esta curva se ve influida por la edad de inicio en una determinada actividad: si se empezó a crear muy joven la fuente se secará antes.

Pues bien, recientemente, David Galenson, ha añadido cierta complejidad a los modelos que explican el fulgor y declive de la creatividad a lo largo de la vida. Para este profesor de la Universidad de Chicago hay dos distintos tipos de creadores que se diferencian tanto en su forma de trabajar como en el curso que sigue su creatividad.

Los primeros son los "experimentadores". Estos artistas son buscadores incansables, insatisfechos y con objetivos estéticos ambiciosos aunque imprecisos, y que tratan de presentar una explicación del mundo tal como lo ven y experimentan. Una característica de estos creadores es su persistente incertidumbre sobre sus métodos y objetivos: aunque casi siempre se muestran descontentos con su trabajo solo tienen una vaga idea sobre cómo mejorarlo. Van cambiando su forma de trabajar por ensayo y error y creen que la esencia de la creatividad reside en el proceso, por lo que los descubrimientos más importantes deben surgir mientras están trabajando. Las innovaciones de estos artistas experimentales aparecen a lo largo de extensos periodos de tiempo, y su creatividad sigue una curva que asciende lentamente hasta alcanzar la cumbre a una edad muy avanzada. Algunos ejemplos de estos "viejos maestros" serían Cézanne, Mark Twain, Robert Frost o John Ford.

El otro tipo sería el de los "conceptualistas", quienes con su arte, más que tratar de reflejar el mundo que les rodea, pretenden comunicar mediante imágenes estilizadas sus ideas o sentimientos acerca de la realidad. Por lo general, sus creaciones están planificadas y diseñadas de forma cuidadosa, y se basan más en el trabajo previo de otros creadores, transformado por la imaginación del artista, que en la observación de la realidad. Las innovaciones conceptuales aparecen de forma repentina con la formulación de una nueva idea que suele ser incorporada en cada nueva producción artística. Como no muestran la insatisfacción permanente de los "experimentadores", tienden a quedar satisfechos con su creación una vez resuelto el problema que pretendían resolver con ella, y se sienten libres para abordar nuevos retos. Si los experimentadores lograban hacer sus mejores contribuciones artísticas a una edad avanzada, los conceptualistas son precoces, y sus mejores obras las encontramos muy al inicio de sus carreras, que aunque no necesariamente tengan que palidecer a partir de ese momento, en la mayoría de casos no alcanzarán cotas similares de genialidad. Entre estos genios precoces podemos encontrar a Picasso, quien pintó con 25 años la que suele ser considerada su mejor obra: Las señoritas de Avignon. Otros serían los literatos T. S. Elliot o F. Scott Fitzgerald, y el cineasta Orson Welles.

Si tienes más de 40 años y no has parido aún ninguna genialidad, no desesperes, es probable que seas un creador experimental.