domingo, 10 de mayo de 2026

II. EL EXTRAÑAMIENTO Y LO SINIESTRO EN LA OBRA DE RALPH GIBSON

 








De entre aquellos fotógrafos que, con sus obras, han sido capaces de generar una sensación de extrañamiento en el espectador, hay uno que siempre me ha parecido un magnífico representante de esa corriente de fotografía de estética onírica o surrealista. Se trata del fotógrafo californiano Ralph Gibson, quien, en la década de los 60 y cuando tenía poco más de 20 años, fue ayudante de Dorothea Lange y de Robert Frank.

Quizá sea en The Somnambulist, su trabajo más personal, donde ofrece unas muestras más claras de su estética surrealista, incluyendo imágenes donde lo extraño y lo siniestro tienden a crear una fuerte emoción en el espectador, que se siente asombrado e incluso perturbado.

Si, tal como apuntaba Apollinaire, una imagen debe permanecer desfamiliarizada y alejada de la lógica de la reconocibilidad, creo que Gibson lo consiguió con muchas de sus fotografías, aislando al sujeto o fragmentándolo. Así, muchas de sus fotografías nos presentan partes del cuerpo humano desconectadas y separadas de su contexto. De esa manera, lo que debería ser algo cercano y familiar se nos muestra como siniestro. Un buen ejemplo sería esa conocida foto en la que vemos una puerta que se entreabre al final de un pasillo y que deja entrar un haz de luz intensa, mientras que una mano abierta aparece por la abertura y proyecta su sombra sobre la pared, a punto a agarrar el pomo en un movimiento que el fotógrafo ha congelado. También en esa imagen encontramos uno de los recursos estilísticos más empleados por Gibson, como el fuerte contraste que reduce la gama tonal y simplifica las formas, volviéndolas más gráficas que descriptivas.

En otras imágenes vemos encuadres muy cerrados que contribuyen a descontextualizar el motivo y a eliminar las referencias espaciales, lo que genera cierta desorientación. Con encuadres tan cerrados difícilmente se muestra el objeto o la persona en su totalidad: una mano, unos pies, un rostro incompleto o cubierto, son con frecuencia todo lo que nos deja entrever, abriendo así la puerta a la imaginación. Y este es otro aspecto relevante de las fotos de Gibson: la ambigüedad narrativa. En ellas casi nunca hay historias cerradas, sino leves insinuaciones que exigen un esfuerzo activo en el observador para dotarlas de sentido a partir de sus propias vivencias. Son imágenes se alejan del documento para adentrarse en territorios subjetivos, donde la imagen funciona como proyección de deseos, asociaciones mentales y estados internos. Siguen una lógica irreal que nos recuerda el funcionamiento de los sueños, con condensaciones, saltos y desplazamientos que refuerzan su carácter onírico.
 
El comisario británico Gerry Badger, coautor junto a Martin Parr de “The Photobook: A History”, ha analizado The Somnambulist como una secuencia que opera con lógica onírica que conecta con conceptos psicoanalíticos. Incluso el propio Gibson ha sugerido que sus imágenes no buscan describir el mundo exterior sino “visualizar estados internos”, lo que ha llevado a muchos críticos a relacionarlo indirectamente con Sigmund Freud y la idea del inconsciente.

En definitiva, un gran fotógrafo que utiliza con maestría un conjunto de recursos y estrategias que hacen que lo cotidiano y ordinario pierda su familiaridad y se tornen extraordinarios e inquietantes. Ahí, precisamente, reside la fuerza poética y sugerente del extrañamiento.

martes, 5 de mayo de 2026

DEL EXTRAÑAMIENTO Y LO SINIESTRO EN ARTE Y FOTOGRAFÍA (PRIMERA PARTE)











En 1919, Sigmund Freud publicó un artículo titulado "Das Unheimlich" (lo siniestro o inquietante), en el que aludía a la sensación perturbadora que nos provoca la visión de objetos o situaciones que, a pesar de ser familiares, se nos vuelven extrañas y siniestras. Tal vez porque facilitan el retorno a la conciencia de contenidos reprimidos en el inconsciente que generan angustia o temor.

Un par de años antes, el escritor formalista ruso Viktor Shklovski había publicado el ensayo "El arte como artificio", en el que se refirió al fenómeno del extrañamiento. Shklovski sostenía que la experiencia cotidiana con muchos objetos y situaciones genera un automatismo que nos lleva a dejar de percibirlos con atención. Frente a ese efecto anestesiante, el arte debía convertirse en una herramienta capaz de volver extraño lo familiar y obligarnos a una contemplación más pausada. Es decir, el extrañamiento busca la desautomatización de la percepción de lo cotidiano, presentando lo familiar de una manera inesperada que nos hace verlo como si fuera la primera vez.

Algo similar planteó Walter Benjamin con su teoría del shock como sacudida que rompe nuestra forma de percepción habitual: cuando una obra deja de tener un significado claro, provoca desconcierto e interés en el receptor, un desconcierto que lo impele a interpretarla y a replantearse una realidad cotidiana en la que el hombre y la mujer modernos viven inundados por un aluvión de estímulos.

Es muy probable que el fotógrafo y artista cofundador del constructivismo, Alexander Rodchenko, que al igual que Shklovski había nacido en San Petersburgo, hubiese leído El arte como artificio. De ahí su crítica a la fotografía tradicional, que consideraba aburrida y repetitiva por imitar los puntos de vista clásicos de la pintura: una mirada que no revelaba nada nuevo, pues suponía una visión automatizada del mundo. Por ello, proponía cambiar de forma radical el punto de vista en la toma de fotografías, con encuadres atrevidos facilitados por las modernas y ligeras cámaras de 35 mm. Al mostrar los objetos de forma inusual, estos dejaban de ser fácilmente reconocibles y obligaban al espectador a redescubrirlos; es decir, una propuesta muy cercana al extrañamiento.

También generan extrañamiento los aforismos de Comte de Lautréamont, en los que se unen elementos comunes pero incompatibles, causando sorpresa e incluso inquietud al romper la lógica habitual. Estas asociaciones de imágenes no solo son inesperadas, sino que con frecuencia poseen un carácter perturbador que nos sitúa ante algo siniestro: familiar en sus partes, pero inquietante en su conjunto.
Sin duda, los pintores surrealistas, como Salvador Dalí, René Magritte o Giorgio de Chirico, emplearon este recurso para subvertir la percepción común de la realidad, desafiando expectativas y normas establecidas y rompiendo con la lógica racional. A través de imágenes inesperadas y combinaciones ilógicas de objetos y escenas, buscaban desencadenar una experiencia de asombro y reflexión, en la que lo cotidiano se transforma en algo extraño y misterioso.

El extrañamiento también ha tenido una presencia importante en fotógrafos como Man Ray, Duane Michals o Ralph Gibson. Estos autores persiguieron revelar lo extraño presente en la realidad para provocar una reacción activa en el espectador y generar sensaciones de inquietud y asombro mediante imágenes que parecen ocultar una historia secreta. En sintonía con el espíritu surrealista, el extrañamiento en fotografía se presenta como una forma de resistencia ante la banalidad de lo cotidiano, que nos anima a mirar el mundo con nuevos ojos y a descubrir lo extraordinario que se esconde en lo aparentemente trivial. Un recurso que, lejos de pertenecer al pasado, sigue vigente en fotógrafos contemporáneos como Chema Madoz.

En próximos posts analizaré tanto las bases psicológicas del extrañamiento como las características de la obra de algunos fotógrafos que se sirvieron de esta herramienta.

Imágenes de Ralp Gibson, Man Ray, René Magritte y Giorgio de Chirico