domingo, 10 de mayo de 2020

PENTI SAMMALLAHTI, EL FOTÓGRAFO MELANCÓLICO QUE VINO DE LEJOS.



Alfredo Oliva Delgado

Hace unos años estuve hojeando el libro de Penti Sammallahti “Aquí, tan Lejos”, esa cuidada edición de BLUME de un fotógrafo que entonces no conocía. Era un libro grueso y pesado, así que, aunque me gustó mucho lo que vi, no me lo llevé y dejé la compra para otro momento. Fue un error ya que el libro fue desapareciendo poco a poco de los stocks y cuando me decidí a ir a por él ya era tarde y me tuve que conformar con la edición de bolsillo que le dedicó PHOTO POCHE.

Pentti Sammallahti es un fotógrafo finlandés que nació en 1950 en Helsinki, Finlandia. Tal vez sea por esa familiaridad con el clima de los inviernos escandinavos por lo que muestra un dominio tan exquisito de los paisajes en los que la nieve y la bruma crean ambientes tremendamente poéticos. Y quizá sea también el interés y el deseo por aquello con lo que estamos poco familiarizados lo que hace que me sienta tan atraído por esas imágenes tan hermosas de escenas melancólicas que nos hacen sentir frío en las pupilas. Aunque también puede que sea por esa preferencia por incluir a perros en sus encuadres con una naturalidad que me emociona. Perros que me recuerdan al siniestro perro de Koudelka, algo nada de extrañar si tenemos en cuenta que Sammallahti siempre ha reconocido su admiración por el fotógrafo checo.



Es un fotógrafo que ha viajado por todo el mundo y ha tomado fotos en países como Rusia, Japón, Nepal, China, Irlanda o Marruecos. Y en todos esos países ha sabido captar imágenes valiosas aunque creo que ya he dejado claro cuáles son mis preferencias: me quedo con esas escenas norteñas tomadas en esos formatos panorámicos tan complicados de componer pero que él resuelve de forma formidable colocando cada elemento en su sitio. Unas escenas en las que cierto intimismo se combina con una visión optimista, y a veces sutilmente humorística, para mostrarnos la naturaleza con toda su carga poética y con una presencia humana tan sólo testimonial. Hombres, mujeres, niños y animales pululan por esos decorados sin romper la magia del momento con una parsimonia que nos transmite solo la paz del silencio. En otras ocasiones son animales los que dan vida a la escena con una presencia que se nos antoja casi humana como la de ese perro sentado en esa moto de nieve, o como ese cuervo posado sobre la cabina telefónica en una oscura noche de niebla.






El contraste entre blancos y negros suele ser muy acentuado lo que convierte esos paisajes nevados en imágenes poderosas que atrapan y hacen cautiva nuestra mirada. Pero también las texturas tienen mucha presencia, y tal por ello nos encontremos ante escenas que son frías y acogedoras al mismo tiempo, como en esa imagen de un hombre que se aleja entre la niebla por un camino que atraviesa unos campos cubiertos de nieve para dirigirse a unos caserones recortados en el horizonte en los que tal vez le espera el calor de un fuego encendido frente al que dejar morir las horas. Es Sammallahti un fotógrafo de una estética refinada que compone muy bien sus imágenes mostrando preferencia por las composiciones simétricas o equilibrando muy bien los pesos visuales para conseguir una estabilidad muy sólida en unos formatos panorámicos más apropiados para capturar el dinamismo de la vida.

Pero en su portafolio no solo vamos a encontrar esas melancólicas escenas invernales. Sus trabajos en Marruecos, Italia, India, China o Turquía también son dignos de admirar. En esos casos el fuerte contraste se alterna con unas graduaciones tonales de grises muy hermosas, en imágenes que captan la vida cotidiana de la calle con un acercamiento empático y amable ¡Cuánto saber y cuánta belleza encierra esa fotografía tomada en Pekín en la que ciclistas y peatones componen una danza urbana ante la cámara! A veces también nos sabe arrancar una sonrisa, o más bien nos la arranca ese perro que parece estirarse mientras se despereza reproduciendo la silueta del árbol en una coincidencia casi milagrosa.




También es un fotógrafo integral o artesano que se suele implicar en todas las fases del proceso fotográfico hasta la obtención de la imagen final impresa. Ese mimo y esa dedicación a todo el proceso se nota particularmente en esas imágenes viradas artesanalmente que a veces nos regala (Bueno, en realidad no las regala aunque sus precios no son desorbitados)

En estos tiempos en los que tantos artistas visuales se embarcan en proyectos que podríamos definir cuanto menos como “singulares” es muy de agradecer encontrarnos con un fotógrafo cuyo proyecto fotográfico ha sido bien sencillo, captar la vida en el mundo de la manera más hermosa posible. Algo tan simple y tan difícil.
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