sábado, 22 de junio de 2013

Premio Nacional de Fotografía de Paisaje





A finales del mes pasado y en el marco de Fotogenio se falló lo que los organizadores denominaron Premio Nacional de Fotografía de Paisaje (ya sé que suena un pelín pretencioso). Tuve la suerte de quedar finalista con esta fotografía que algunos ya conocéis. El estar entre los 30 finalistas (aquí) supuso que la foto fuese impresa a buen tamaño y calidad y expuesta en el encuentro en un lugar de bastante visibilidad. Como los organizadores nos invitaron, acudí a Fotogenio para ver si había suertecilla y de paso echar un vistazo a lo que se cocía por allí. Como podréis imaginar, una de las primeras cosas que hice al llegar fue acercarme al lugar donde estaban expuestas las fotos de los finalistas. Mi primera impresión fue algo paradójica. Me explico.

Por una parte, me agradó mucho ver mi foto expuesta junto a otras de muy buenos fotógrafos. Y sobre todo verla en un formato e impresión más que aceptables. Aunque, siendo sincero, la copia era demasiado oscura y no reflejaba con fidelidad las tonalidades originales. Pero lo que más me chocó fue el contraste entre una fotografía algo barroca y pictorialista como la mía, y muchas de las que la rodeaban, bastante más modernas y minimalistas. Al momento me vino a la cabeza la anécdota que puso etiqueta al Fauvismo.  Cuentan los cronistas que en el Salón de Otoño del año 1905 que se celebró en París exponían sus obras pintores como Derain, Matisse, Roualt o Puy, que en aquellos momentos eran totalmente desconocidos. Cuando el crítico Louis Vauxcelles entró en la sala, al ver entre tanta pintura provocadora un bronce de Albert Marque que representaba a un niño con un estilo que le recordó a Donatello, exclamó: !Donatello parmi les fauves! (Donatello entre las fieras). Pues bien, yo experimenté la sensación contraria al ver mi foto, algo turneriana y demodé, entre tanto excelente paisaje de estilo más actual.

Poco a poco fue pasando esa primera vergüenza inicial. Al fin y al cabo, creo que tampoco está tan mal la foto. Me gustan de ella la atmósfera creada por ese sol naciente que trata de abrirse paso entre la niebla, y el contraste entre la tradicional barca camaronera que permanece anclada y resistiendo la corriente, y el enorme buque carguero que avanza con determinación siguiendo el curso del río. Toda una metáfora: la tensión entre tradición y modernidad dentro de la foto. Lo mismo que fuera de ella. Curioso, ¿no?
Y yo sintiéndome  como ese bote camaronero anclado en el pasado y viendo pasar a mi lado los barcos (paisajes) minimalistas.