sábado, 15 de junio de 2013

La Fotografía Contemplativa: una forma de mirar




La primera vez que oí hablar de fotografía contemplativa sentí curiosidad por esta modalidad fotográfica que no aparecía en los manuales al uso, y que no se solía mencionar en los foros. Buscando por internet encontré algún que otro post, algún podcast e incluso la referencia a un libro. Ahora que tengo el libro puedo comentar con más conocimiento  de qué va el asunto.

Tengo que empezar diciendo que se trata de algo más que una modalidad fotográfica ya que supone una manera de mirar, incluso de vivir, muy relacionada con las filosofías orientales. El concepto de atención o conciencia plena es el que mejor se ajusta a esta forma de mirar por el visor.  La conciencia plena o mindfulness no es otra cosa que  estar muy concentrado en el momento presente de manera continua y relajada, sin juzgarlo, aceptándolo tal y como es, y sin tratar de controlarlo, estando atento a cada uno de sus detalles y matices. En ese estado, tu mente no se aleja de la realidad dejándose llevar por una corriente de pensamientos que te proyectan hacia el pasado o el futuro, y haciendo que se evapore la magia del momento presente. Simplificando, podríamos decir que se trata de aparcar tus pensamientos y estar atento a todo lo que te rodea manteniendo muy abiertos los sentidos: el aroma del café que estás tomando, la luz suave que entra por una ventana, el reflejo de las luces sobre el vidrio de la mesa, el intenso color rojo del jersey de la chica de la mesa de enfrente y esa música relajante que pone el fondo sonoro a tu experiencia.

A que empiezas a darte cuenta de qué la va cosa. Pues sí, la fotografía contemplativa es una forma de usar la cámara para reflejar tu estado de ánimo, para recoger en el sensor esos detalles (sombras, reflejos, colores) que se te suelen escapar  cuando tu percepción no está cegada por tus preocupaciones y pensamientos.  Fotografías contemplativamente cuando tu visión no está oscurecida por tus expectativas sobre si será una buena foto, ni por tus dudas sobre la mejor técnica para tomarla, ni por tus pensamientos acerca de la belleza del motivo.

En la fotografía convencional el tema o motivo es muy importante para obtener fotos exitosas.  Se trata de encontrar el paisaje adecuado, capturar la emoción correcta o  mostrar de forma exacta las condiciones sociológicas. El fotógrafo se parece a un cazador en una busca permanente de la mejor presa. Obviamente, cada fotógrafo tiene su idea particular de lo que resulta bello, artístico, interesante o atractivo, y busca motivos que se ajusten a esos conceptos que actúan como filtros o moldes.  Además, trata de utilizar todas las técnicas, reglas de composición y trucos disponibles que le ayuden a acercar su foto a aquello que va buscando. Distraída por esos filtros, técnicas y conceptos, la visión se distorsiona y se le escapa lo más precioso, que es aquello que tiene delante pero que no se ajusta a  esos moldes preestablecidos. El fotógrafo convencional podrá obtener una imagen bella, impactante e incluso memorable, pero que mostrará las cosas no tal como son sino como él quiere que sean. Serán imágenes que atraerán más al cerebro que al corazón. Las imágenes de famosos fotógrafos como Ansel Adams o Andrea Gursky serían buenos ejemplos de estas fotografías técnicamente perfectas pero frías y carentes de frescura. En el otro extremo se encuentran aquellos maestros que priorizaron en su obra la experiencia de ver. Edward Weston, Cartier-Bressón, André Kertész o Robert Adams responderían a ese perfil de fotógrafos con una mirada limpia y sin encorsetar. ¿Y tú qué prefieres?