viernes, 5 de marzo de 2021
jueves, 25 de febrero de 2021
sábado, 6 de febrero de 2021
miércoles, 3 de febrero de 2021
domingo, 31 de enero de 2021
Sobre el valor de una fotografía: De la fricción cognitiva al efecto Zeigarnik
Sin embargo, yo siempre he preferido referirme al efecto Zeigarnik, propuesto en 1927 por una investigadora soviética llamada Bluma Zeigarnik, quien puso de manifiesto con una serie de experimentos que aquellas tareas cognitivas que eran interrumpidas antes de ser completadas eran recordadas mejor que las que eran resueltas. Algo que Zeigarnik atribuía a la tensión cognitiva creada. Es como si el cerebro siguiera dándole vueltas a aquello que no había podido resolver. Pues bien, cuando nos enfrentamos a una fotografía sencilla, bien compuesta y fácilmente legible suele ocurrir que aunque nos atraiga en un primer momento, su efecto tiende a disiparse y la olvidamos más rápidamente. Estas imágenes serían el equivalente a las tareas resueltas. En cambio, algunas fotografías que tienen una mayor complejidad visual, y que pueden resultar menos atractivas en un primer momento, son con frecuencia aquellas que nos generan una mayor tensión cognitiva y emocional, y que por lo tanto suelen perdurar más en la memoria. Suelen ser fotografías que resultan ambiguas y que hacen que nuestro cerebro empiece a trabajar. Estas imágenes serían el equivalente de las tareas no resueltas.
Como demostró, John Suler, profesor de psicología de la Rider University, en un experimento con un grupo de alumnos y alumnas, a los que presentó una serie de 200 fotografías de temática muy variada, las fotografías señaladas como impactantes durante la presentación fueron aquellas más canónicas desde el punto de vista de la composición. Sin embargo esas imágenes fueron poco recordadas al día siguiente. Hubo otros elementos vinculados con el contenido de la foto que dotaron a las imágenes de un significado y una resonancia emocional, y que hicieron que ciertas imágenes permaneciesen en la mente. Una de las características de dichas imágenes podría ser su capacidad para generar cierta tensión o disonancia cognitiva en el espectador. Otro elemento a tener en cuenta podría referirse a determinados elementos de la foto que punzasen al espectador, en la línea de la propuesta barthesiana del punctum, ese elemento azaroso que hace que la imagen punce o toque emotivamente al observador.
Por lo tanto, esa capacidad que tienen algunas fotografías de crearnos confusión y tensión emocional es un elemento que algunos fotógrafos valoramos mucho, y por eso, algunas propuestas valorativas lo incluyen como un elemento fundamental. Lo que no quiere decir que otros elementos puramente estéticos no deban ser tenidos en cuenta a lo hora de valorar una imagen fotográfica.
domingo, 17 de enero de 2021
viernes, 15 de enero de 2021
jueves, 14 de enero de 2021
martes, 12 de enero de 2021
FOTOGRAFÍA Y PSICOLOGÍA: LAS FASES DEL PROCESO CREATIVO
El camino que lleva a la creación artística (o científica) es uno más de los procesos que lleva a cabo la mente humana lo que no impide que suela estar envuelto en un halo de misterio, incluso llegándosele a atribuir un origen divino. Y aunque aún es mucho lo que desconocemos al respecto, también hay bastantes cosas que sabemos.
A pesar de haber pasado mucho tiempo desde que Graham Wallas lo propuso en 1926, su modelo de las cuatro fases del proceso creativo sigue siendo el más aceptado. Como suele ocurrir en la creación, el modelo de Wallas no surgió de la nada sino que partió de las propuestas previas de autores como el físico Ludwig Ferdinand von Helmholtz (1821-1894), quien en un discurso pronunciado con motivo de su 70 cumpleaños declaró lo siguiente:
“Tras previas investigaciones del problema en todas direcciones, las ideas felices me surgieron de forma inesperada sin esfuerzo, como una inspiración. Por lo que a mí respecta, nunca han surgido cuando mi mente estaba fatigada, o cuando yo estaba en mi mesa de trabajo. Por el contrario, vinieron a mí durante el suave ascenso a una colina arbolada en un día soleado”.
En ese discurso se encuentra el embrión del modelo de Wallas, al que incorporó otras propuestas, como las de matemático Poincaré. Su modelo propone cuatro fases:
Preparación. Es una fase de trabajo y esfuerzo en la que recogemos información sobre el problema a resolver o la tarea a realizar. Esta fase es consciente y voluntaria, y puede incluirse en ella todo el estudio o proceso formativo previo del artista o investigador. En ella hunde sus raíces la creatividad posterior, ya que sin ella sería imposible producir resultados originales.
Incubación. Para Wallas la incubación es un periodo en el que no se piensa de forma voluntaria o consciente en el problema o tarea, y en el que tienen lugar una serie de sucesos preconscientes. Podría decirse que durante esta fase el cerebro sigue trabajando aunque no seamos conscientes de ello. Para Wallas, la incubación puede tener lugar tanto a través de la relajación mental, mientras paseamos como von Helmholtz, o mientras trabajamos en otro tipo de tareas. Es decir, se trata de olvidarnos del problema a resolver para permitir que nuestra mente se ocupe de él a su manera.
Iluminación. En esta fase empiezan a emerger las ideas que nos acercan a la solución. Se trata de una especie de flash o click instantáneo en que surge una idea original de forma inesperada. Algunos autores la han denominado la experiencia ¡Eureka! Sería el resultado de las fases anteriores, y llevaría directamente a la solución creativa.
Si pensamos en la elaboración de un proyecto fotográfico o artístico, podemos sacar algunas enseñanzas útiles de la propuesta de Wallas. La primera es que el esfuerzo intelectual resulta imprescindible, tanto en su fase inicial como en su fase final. No va a llegarnos del cielo una idea genial si no hemos trabajado antes en la preparación del proyecto. La formación previa, la documentación e investigación sobre una temática y el trabajo concienzudo en el proyecto resultan ineludibles. La segunda es que tras esa fase inicial resulta recomendable cierta desconexión mental. Dejar dormir el proyecto puede dar tiempo y libertad a nuestro cerebro para que siga haciendo su trabajo callado y así añada ese intangible al esfuerzo intelectual ya realizado para salir de caminos ya trillados y producir algo novedoso. La tercera, es que si la luz se encendió en nuestro cerebro habrá que trabajar de nuevo en esa idea original para convertirla en un proyecto interesante. A pesar de ello no siempre brotará esa obra original y novedosa, pero al menos lo habremos intentado con todos nuestros recursos.
Texto: Alfredo Oliva.
Foto: Henri Matisse fotografiado por Robert Capa
domingo, 10 de enero de 2021
viernes, 8 de enero de 2021
COMPLEJIDAD, PARSIMONIA Y PREFERENCIA ESTÉTICA EN FOTOGRAFÍA
Por otra parte, hay factores personales relativos a nuestra
forma de percibir que cambian de una persona a otra, y pueden hacer que lo que
a unas les resulte relajante e interesante a otras les resulte soso y aburrido.
Y que mientras que algunos espectadores vibren con la estimulación que les
genera una imagen compleja, otros sientan que sus cerebros se ven sobresaturado con
tanta información visual. Y es que, más allá de la formación visual y artística
del espectador, el estilo cognitivo nivelación versus acentuación marca esas
importantes diferencias individuales que establecen cierta subjetividad en la
apreciación estética. Como ya he comentado en alguna ocasión, la nivelación se
caracteriza por estrategias tales como la unificación, la intensificación de la
simetría, la reducción de rasgos estructurales, la repetición y la eliminación
de elementos oblicuos o que desentonan con la composición; en cambio, la
acentuación busca todo lo contrario, aumentar la asimetría, la oblicuidad, la
gama cromática y la irregularidad en la composición.
Además, hay que tener en cuenta la intención de artista, ya que si la
simplificación conlleva una reducción de la tensión, algo más adecuado en
estilos clasicistas, la acentuación aumenta dicha tensión, lo que todo autor
expresionista tendría en alta estima.
Sin embargo, a pesar de esa subjetividad aparente, podríamos estar de acuerdo
en que el principio de parsimonia sí debería ser tenido en cuenta a la hora de
valorar una obra de arte, ya sea pictórica o fotográfica. Y es que aunque las
grandes obras de arte suelen ser complejas, por lo general son elogiadas por su
sencillez, es decir, porque presentan una abundancia de forma y significado de
la manera más sencilla posible, mediante la organización y estructura de los
elementos incluidos en el campo visual.
El principio de parsimonia utilizado en las ciencias hace referencia a que la
hipótesis más valiosa es aquella que es capaz de explicar lo mismo que las
demás pero de la manera más sencilla posible. Un principio que puede
trasladarse a la estética fotográfica, y que nos sugiere que tan inadecuado
resulta decir demasiado poco con una imagen como expresar algo de forma muy
complicada. Como en cierta ocasión comentó Charlie Chaplin, una vez completado
el rodaje de una película hay que sacudir el árbol y conservar solo lo que
queda bien sujeto a las ramas. Es decir, manteniendo la estructura más sencilla
posible. Lo mismo podríamos decir con respecto a una fotografía: la mejor versión
será aquella que transmite lo máximo con el menor número de elementos posibles
y con la estructura visual más simple y organizada. El orden y la parsimonia
pueden ser unas buenas directrices para el fotógrafo, tanto en el momento de la
toma como en el de la edición. Y es que aunque nuestro cerebro tiene mucha
capacidad para organizar la información visual que le llega y disfruta con
ello, como puso de manifiesto la psicología de la Gestalt, tampoco su poder es
absoluto, y no podemos echar sobre sus espaldas una carga excesiva.
miércoles, 6 de enero de 2021
domingo, 3 de enero de 2021
martes, 22 de diciembre de 2020
CESARE PAVESE SOBRE LA FOTOGRAFÍA
Que Cesare Pavese expresara en sus escritos alguna opinión acerca de la fotografía como arte seguro que ha sorprendido a quienes conocen bien el trabajo del literato italiano. Y no me extraña, ya que después de escudriñar atentamente su obra las referencias a la fotografía son prácticamente inexistentes. ¿De dónde surgen por tanto estos textos en los que Pavese se nos muestra como un profundo conocedor del arte fotográfico? Pues de la licencia que me he tomado para adaptar las interesantes reflexiones sobre la creación poética incluidas en “El oficio de vivir” al ámbito de la fotografía, y por lo general ha bastado con la sustitución de un término por otro. Al fin y al cabo, las similitudes entre los procesos creativos en fotografía y la poesía guardan más similitudes que diferencias. Así, sus opiniones sobre el poder de la intuición o de la mirada ingenua, sobre el agotamiento creativo, sobre la zona de confort, o sobre la originalidad, pueden, con facilidad, traspasar la frontera que separa ambas disciplinas.
“La admiración por una gran fotografía no lo es nunca por su sorprendente maestría sino por la novedad del descubrimiento que contiene. Aunque sintamos un pálpito de alegría al encontrar en el encuadre dos elementos acoplados con acierto, que jamás se habían visto juntos, no es asombro ante la elegancia de la cosa, ante la prontitud del ingenio, ante la habilidad técnica del fotógrafo lo que nos conmueve, sino una maravilla ante la nueva realidad puesta de manifiesto”
“Y en fotografía sólo se expresa bien lo que fue asimilado ingenuamente. No les queda a los fotógrafos más que volverse hacia la época en que no eran artistas e inspirarse en ella, y esta época es la infancia”
“En fotografía no todo es previsible y, al componer, se eligen a veces formas, no solo por una razón conocida sino instintivamente, y se crea sin saber con claridad cómo se hace”
“En mi primera obra entraba toda mi experiencia desde el día en que abrí los ojos, y era tanta la alegría de sacar al sol mi primer fotolibro, que no sentía monotonía. Entonces todo estaba por descubrir. Ahora que he saqueado la veta, me he agotado demasiado como para tener fuerzas para lanzarme sobre una nueva excavación”
“Porque una sola cosa me parece insoportable para el artista: no sentirse ya al principio”
“Las reglas del arte, al proponer un ideal definido que alcanzar, le proponen al artista un fin que impide el trabajo en el vacío de su ingenio. Aunque para nosotros, nunca reside el valor de las obras en las reglas observadas, sino en estructuras crecidas bajo la mano del artista durante su busca de lo que la regla requiere.”
“Habiéndose acostumbrado la mente a cierto mecanismo de creación, es necesario un esfuerzo igualmente mecánico para dejarlo y sustituir los monótonos frutos espirituales, que se reproducen, por un nuevo fruto que sepa a desconocido, a injerto inaudito”
“El problema estético, mío y de mis tiempos, más urgente es precisamente el de la unidad de una obra fotográfica. Si hay que contentarse con la empírica conexión aceptada en el pasado o buscar un nuevo principio ordenador de la sustancia fotográfica”
“¿Es posible dar un valor de pertenencia a un conjunto a una fotografía concebida en sí y por sí, según el vuelo de la inspiración ¿Cómo puede el autor construir el fotolibro sino reflexionando sobre las fotografías ya hechas? El fotolibro es siempre una reconsideración”
“Hacer fotos es como hacer el amor: nunca se sabrá si la propia alegría es compartida.”
“El provincialismo en fotografía tiene significado solamente como reserva ética”
“La fotografía poética participa de todas las cosas prohibidas por la conciencia -ebriedad, amor-pasión, pecado- pero todo lo rescata con su exigencia contemplativa, es decir, cognoscitiva”
“Es fácil para los colores convertirse en símbolos. Son la cualidad más vistosa de los objetos, pero no son los objetos”
domingo, 20 de diciembre de 2020
Claro en el bosque (Guillena, 2020)
"Al modo de la semilla se esconde la palabra. Como una raíz cuando germina que, todo lo más, alza la tierra levemente, mas revelándola como corteza. La raíz escondida, y aun la semilla perdida, hacen sentir lo que las cubre como una corteza que ha de ser atravesada. Y hay así en estos campos una pulsación de vida, una onda que avisa y una cierta amenaza de que algo, o alguien, está al venir."
María Zambrano
lunes, 7 de diciembre de 2020
La fotografía humanista de Tiago Santana
Su mirada es la propia de quien muestra un estilo cognitivo dependiente de campo caracterizado no sólo por el interés por lo social, sino también por percibir la realidad como un todo integrado en el que figura y fondo se muestran inseparables. Así, los encuadres de este fotógrafo brasileiro, mucho menos conocido que su compatriota Salgado, están cargados de complejidad, incluyendo varios planos que dotan a sus imágenes de mucha profundidad. En algunas imágenes el personaje del primer plano atrapa nuestra mirada de inmediato para dejarla escapar después hacia alguna figura que en el fondo reclama nuestra atención. Unas gallinas, un perro, un asno, una imagen religiosa o un niño nos interpelan desde atrás, y nos revelan la importancia que para Santana tienen algunos temas, como la relación entre hombres y animales, el paso del tiempo o los ritos religiosos. No en vano, este fotógrafo, que se declara admirador de la obra de Cristina García Rodero y Graciela Iturbide, dedicó su primer fotolibro “Benditos” a la religiosidad popular del nordeste brasileño.
También declara su admiración por Koudelka, y por esa inmersión en la escena y en el mundo a documentar que ambos practican. Y con frecuencia es tanta la inmersión que sus personajes quedan fragmentados bruscamente por el borde del encuadre, o por la superposición de otros elementos visuales. Un hombro que se adentra por el ángulo superior, media cabeza de asno, el torso semioculto de un joven, o el rostro que se esconde tras un brazo, añaden intriga a sus imágenes. Así, sus encuadres no se limitan al mero registro documental sino que quedan configurados como puzles que el espectador debe componer en su cabeza, encajando todo ese engranaje de personas, animales, reflejos y sombras.
Pero si sus imágenes están cargadas de dinamismo y complejidad, Tiago Santana se reconoce como un fotógrafo que, a pesar de la cercanía cuando trabaja, se muestra discreto, silencioso y lento, y que opta de forma decidida por la fotografía analógica. “Es como si fuera a contracorriente de nuestro tiempo. Pongo una película en la cámara y hago cuatro fotografías. La película tiene la sorpresa de lo invisible, de lo no revelado de inmediato. Lo digital para mí es como si algo faltara.”
También es un fotógrafo que se muestra escéptico respecto a la utilización de otros elementos o recursos que refuercen la capacidad narrativa de las imágenes “No se puede trabajar simplemente con la necesidad de usar gratuitamente otros recursos expositivos, algo muy común que se observa hoy día en algunos trabajos de “fotografía contemporánea”. Lo esencial de una fotografía es su fuerza. Añadir algo para favorecer la lectura de la obra es algo que se ha de pensar mucho, para que no se superponga con el verdadero sentido de creación de la imagen fotográfica”
martes, 1 de diciembre de 2020
sábado, 21 de noviembre de 2020
jueves, 19 de noviembre de 2020
JOEL MEYEROWITZ, EL FOTÓGRAFO QUE DESAFIÓ LA ENTROPÍA
sábado, 14 de noviembre de 2020
miércoles, 11 de noviembre de 2020
domingo, 8 de noviembre de 2020
domingo, 1 de noviembre de 2020
COSAS QUE PESAN Y COSAS QUE VUELAN

Toda imagen tiene una expresividad asociada que viene determinada tanto por su contenido como por la configuración o dinámica de los elementos que incluye, es decir, por su composición. Y, con ligeras diferencias individuales, todo observador va a percibir de forma parecida y prioritaria esa expresividad debido a una predisposición innata. Una predisposición que nos lleva a prestar atención especial a la movilidad o la estabilidad del contexto que nos rodea, en una doble tendencia que nos impulsa a buscar bien la calma y el sosiego, bien la acción.
Eugenio D’Ors utilizó la expresión de “un mundo de cosas que pesan versus un mundo de cosas que vuelan” para dividir la producción artística en base a esa dicotomía: la estructura y estabilidad racional del clasicismo frente a la volatilidad fugaz e intuitiva del barroco o el romanticismo. Y podría decirse que todo artista a la hora de concebir y ejecutar una obra se sitúa entre alguno de estos dos polos.
La fotografía tomada en China por Marc Riboud podría responder a la primera categoría. A pesar de tratarse de una imagen de cierta complejidad por el elevado número de elementos o personajes que incluye, hay una organización visual en sus elementos que hacen que se asiente nuestra mirada y revelan un ojo compositivo privilegiado. Riboud aprovechó la puerta de esta tienda para componer un hermoso tríptico y enmarcar en sus ventanas a todos esos personajes que, a su vez, se agrupan en triadas, poniendo de manifiesto la potencia visual del número tres. Tanto el principio de simplicidad como la ley gestáltica de proximidad contribuyen al poderoso atractivo de esta fotografía clásica.
Frente al clasicismo arquitectónico de la imagen de Riboud, Antonie d’Agata nos sorprende con una imagen más ligera y volátil en la que la música sustituye a la arquitectura. La fugacidad del momento se nos muestra tanto por el contenido como por los recursos usados por el fotógrafo francés para dotar de dinamismo a su imagen. La oblicuidad, la asimetría, el contraste, el contrapicado y el desenfoque de movimiento se conjuran para hacernos vibrar con el dinamismo de ese trío en danza que hace bailar nuestra mirada. Y si la fotografía anterior nos situaba ante una composición bien pensada y estructurada, en este caso todo nos lleva a pensar en un acto puramente intuitivo que ha sabido captar con maestría toda la belleza del momento.
Entre la intuición, que se deja llevar por el "ciego" impulso espontáneo de nuestra naturaleza, y la razón, que trata de encauzar ese impulso, se mueve la creación artística. Todo acto creativo tiene un propósito situado entre ambos polos y unas estrategias representacionales para alcanzarlo. En la coherencia entre la intencionalidad del fotógrafo y su estrategia compositiva reside la magia de su creación.
Alfredo Oliva Delgado.
sábado, 31 de octubre de 2020
martes, 27 de octubre de 2020
jueves, 22 de octubre de 2020
martes, 20 de octubre de 2020
sábado, 17 de octubre de 2020
miércoles, 14 de octubre de 2020
¿QUE ES UNA BUENA FOTOGRAFÍA? PROPUESTA PARA UN DECÁLOGO
Es esta una pregunta complicada y frecuentemente debatida a la que muchos expertos han tratado de dar respuesta. Michael Freeman, John Szarkowski, Stephen Shore, Eduardo Momeñe, Rosa Olivares, Joan Fontcuberta, Tino Soriano, y muchos otros, han expuesto sus puntos de vista sobre el asunto. Sobre lo leído y oído, me atrevo a hacer una propuesta que amplía algo que escribí hace unos años.1.Propone una composición inteligente. Sin duda éste es un aspecto esencial que determinará que la imagen funcione mejor o peor, y que resulte atractiva al observador. Aunque determinar qué es una buena composición pudiera parecer subjetivo, se trata de uno de los aspectos más trillados, y sobre el que existe un mayor consenso. Sin embargo, hay composiciones que funcionan muy bien cuando parecen romper esas reglas, y es que hay tantos factores implicados en una composición que resulta prácticamente imposible recogerlos en un puñado de reglas. No es que esa imagen que funciona no siga ninguna regla, es que hay tantas que muchas de ellas están por descubrir.
2. Provoca una reacción.
La imagen debe tener algo que impacte visualmente y que atraiga la atención, si no de todo el mundo, al menos de un alto porcentaje de espectadores. En este caso las reglas están menos claras, y a veces hay imágenes tan calculadas para crear esa atracción que resultan demasiado obvias y suscitan el rechazo del observador inteligente.
3.Emociona al espectador.
La reacción puede ser cognitiva, porque nos plantea una especie de dilema visual que intentamos resolver. Pero, sobre todo, provoca una reacción emocional que nos pellizca las entrañas. Este es un aspecto difícil de conseguir mediante la composición, el juego entre figura y fondo, y el contenido profundo de la imagen. Una foto ideal debería provocar lo que Roland Barthes denominó "punctum", una intensa emoción que atrapa y sacude al observador. Observando muchas buenas imágenes sentimos ese pellizco sin que seamos conscientes de qué detalle de la imagen es el que nos conmueve, y es que con frecuencia se trata de asociaciones inconscientes creadas por la foto con una importante resonancia afectiva en nuestro mundo íntimo. Puede ser el recuerdo de alguna situación vivida en el pasado, un gesto que nos recuerda a alguna persona significativa, una atmósfera que nos retrotrae a nuestra infancia, etc.
4. Suscita curiosidad.
A veces, nos encontramos con un elemento de ambigüedad, incertidumbre, e incluso de contradicción que despierte la curiosidad del espectador sobre el significado o el resultado de la escena representada. A veces, se trata de figuras que escapan del encuadre, o que se superponen ocultándonos algo que se nos antoja importante, pero en otros casos, es la falta enfoque o la trepidación la que introduce la ambigüedad. Incluso, en algunas ocasiones aunque las figuras estén completas, la nitidez sea total y la acción haya culminado, puede haber algo en la escena o en sus protagonistas que genere cierta ambigüedad en el observador y que despierte su curiosidad.
5. Trasciende a la experiencia visual directa.
Quizá sea éste un de los aspectos más interesantes, y se refiere a la capacidad que puede tener una buena instantánea para generarnos ideas a partir de la experiencia visual que nos ofrece. Una determinada fotografía puede llevar al espectador a encontrar algún tema o detalle que no resulta explícito a primera vista, pero que surge por asociación de ideas. En definitiva, tiene varias capas que ofrecen más de una lectura.
6. Se sitúa en el ámbito de lo fotográfico.
La fotografía es contemporánea, e indisociable de la experiencia cultural de todo el mundo, por lo que de alguna manera ha de tener nexos con todas las imágenes que forman nuestro universo visual. Aunque pudiera parecer que ello supone una merma de la originalidad, es necesario que el creador que quiera producir buenas fotografías parta del conocimiento de las imágenes ofrecidas por otros fotógrafos (o artistas plásticos, cineastas, etc.), de esa manera podrá ubicar su obra en un determinado contexto visual y cultural. Eso supone partir de unos referentes para también ser capaz de trascenderlos. Hasta dónde podemos trascenderlos en un asunto objeto de discusión.
7. No imita.
Cada forma artística tiene su propia forma de expresión, por lo que una buena fotografía no debería imitar otras formas de arte. Debe explorar y explotar su propio medio, lo que supone tener una idea clara de aquello en lo que destaca la fotografía: la espontaneidad documental del momento captado, el velo, el enfoque diferencial, el desenfoque por movimiento, los reflejos o las sombras.
8. Es intencionada.
Aunque el azar juega siempre un papel importante en la creación, con frecuencia consideramos azaroso lo que en realidad es intuitivo y hunde sus raíces en la experiencia y maestría del fotógrafo o fotógrafa. Cuando la autoría es evidente en la imagen, que nos transmite de forma eficaz la idea o mensaje que el fotógrafo se propuso, es muy probable que estemos ante una buena imagen. Sin un buen dominio técnico, el autor tiene muy complicado plasmar en una fotografía una intención.
9. Es creativa.
Algunas imágenes tienen una originalidad y una frescura que sorprenden al observador por su osadía. Sin embargo, la originalidad no siempre es sinónimo de creatividad, ya que es necesario que ese alejamiento de caminos trillados sea valorado positivamente. Y esa capacidad para otorgar el marchamo de creativa a una fotografía es probablemente el aspecto más subjetivo y complicado de la valoración o juicio estético, por lo que requiere de expertos osados y con criterios bien formados. Cuando John Szarkowski puso en valor la obra de fotógrafos como Diane Arbus, Lee Friedlander, Joel Meyerowitz,o Garry Winogrand, impulsó el desarrollo de la fotografía de forma decisiva. Un buen ejemplo que me lleva a pensar que para que haya fotógrafos creativos ha de haber buenos curadores.
10. Cumple su función.
El objetivo que el fotógrafo o fotógrafa se planteó determinó una intencionalidad que guió el uso de unos determinados recursos técnicos. Hay fotos que sirven para ilustrar un texto o acompañar una noticia, o que se cuelgan en una galería o museo, que se usan a modo de postal, se incluyen en un proyecto o serie o que se estampan en una camiseta. Por ello, cabe pensar que resulta complicado determinar la calidad de una fotografía sin tener en cuenta la función que cumple.
(Fotografía de Josef Koudelka)






































