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domingo, 10 de enero de 2016

Psicología y Fotografía: de la intuición al acto fotográfico




Tratar de desenmarañar los elementos que conforman el proceso que subyace al acto fotográfico no es una tarea sencilla. Sobre todo cuando nos movemos en el ámbito de la fotografía más personal o artística. ¿Qué extraño impulso nos lleva a encuadrar en el visor un fragmento del mundo que nos rodea para incluirlo en una imagen fotográfica?

Muchos autores han reflexionado y escrito sobre este asunto y, a pesar de las diferencias, casi todos coinciden en considerar que se trata de un proceso que trasciende lo puramente cognitivo, y que se encuentra más cerca de lo intuitivo que de lo racional. Algunos fotógrafos, como Minor White, influidos por las filosofías orientales y la meditación de conciencia plena, pusieron los cimientos de lo que es la fotografía contemplativa. Para estos fotógrafos, la primera fase del acto fotográfico sería el flash perceptivo. Un momento en el que el flujo de nuestros pensamientos se ve interrumpido por una imagen que irrumpe con fuerza en nuestros sentidos. En esas ocasiones, el tiempo se para y nuestra atención se centra en ese detalle que nos conmueve. No hay pensamientos, no hay conceptos, sólo pura experiencia perceptiva que se abre paso en nuestra mente. Nuestra mente y nuestro ojo se alinean por un momento. Cuando esto sucede experimentamos una sensación de quietud y plenitud, de estar fijamente anclados a nuestra percepción. Ocurre repentinamente, nos sacude con fuerza y nos desconecta de lo que estábamos pensando para envolvernos con la riqueza y claridad de lo que hemos percibido.

También Serge Tisseron se refiere a ese primer momento del acto fotográfico, que denomina "el encuadre", como un momento en el que la selección de una parte del mundo a fotografiar requiere de una especial predisposición mental que nos recuerda al flash perceptivo: "para encuadrar un momento del mundo primero es preciso sentirse integrado en el mundo". Este encuadre es a juicio de Tisseron el momento en el que el fotógrafo imprime una mayor contenido personal a la fotografía, y que se ve muy influido por aspectos inconscientes que rebasan lo racional.

David Viñuales emplea un nuevo término "sublimación", que no coincide con el concepto freudiano del mismo nombre. Esta fase del acto fotográfico es un hecho de cierta trascendencia que se produce mediante una sensación de conexión intuitiva, y que alude a la captación de estímulos que no son completamente reconocibles o conscientes (esto me recuerda la percepción subliminal). Al conectar con el mundo exterior de forma intuitiva, se está produciendo un contacto no filtrado por construcciones mentales, lo que deja una puerta abierta a la parte no consciente del fotógrafo. También los surrealistas aludieron a este automatismo psíquico puro como fuerza interior capaz de influir en el acto creativo.

Finalmente, tengo que mencionar a Llorenc Raich, quien en su último libro "Fotografía y motivo poético", se refiere a la mística para describir esa experiencia sensorial que da paso al acto creativo implícito en la fotografía poética. Si la privación corporal y la oración situaban al místico en un estado contemplativo que le llevaría expresar las vivencias extremas, como las visiones y el éxtasis, mediante la palabra poética, el fotógrafo y el artista recorrerían un proceso parecido que les llevaría a dotar de trascendencia y poesía a cualquier aspecto insignificante o cotidiano de su realidad. Es decir, la fotografía poética realzaría la belleza de lo insólito que se halla en la realidad inmediata: la belleza de lo cotidiano.

Resumiendo, el acto fotográfico, al igual que otros actos de creación artística, requiere de cierto estado mental de relajación y contemplación en el que los procesos más racionales de nuestro cerebro quedan en stand-by para que puedan abrirse paso, a través de nuestra conciencia, todo el material inconsciente que se acumula en nuestro mundo emocional. La razón queda aparcada en ese momento ya que su papel se limitaría a las fases anteriores y posteriores a la de la toma fotográfica.

domingo, 24 de junio de 2012

Sobre el impacto emocional de las fotografías




¿Cuántas imágenes nos asaltan cada día desde los distintos foros de fotografía de internet? ¿Cuántas de ellas dejan cierta huella en nuestra mente, hasta el punto de que podamos recordarla un día después? Vivimos inmersos en un flujo continuo de estimulación visual que puede llegar a anestesiar nuestros sentidos. Es por ello por lo que creo que tiene mucho interés  conocer cuáles son las características de esas imágenes que quedan grabadas en nuestra memoria tiempo después de haberlas observado.

Para dar respuesta a esta pregunta, John Suler, profesor de psicología de la Rider University, llevó a cabo un experimento con un grupo de alumnos y alumnas, a los que presentó una serie de 200 fotografías de temática muy variada, a un ritmo de cinco segundos por imagen. Los participantes debían indicar qué fotografías les impactaban a lo largo de la presentación, pero, además, una vez terminada ésta, debían cerrar los ojos y dejar que fluyesen en su conciencia algunas de estas imágenes y escribir sus sentimientos y pensamientos al respecto.

Los resultados del estudio aportaron una serie de datos interesantes:

- Aunque a lo largo de la presentación se producía una especie de saturación o embotamiento, de forma que los alumnos tendían a señalar más imágenes al principio de la serie que al final, cuando se trataba de recordar alguna fotografía significativa una vez concluida la presentación, no parecía que el orden de aparición influyese, y las imágenes del final tenían tantas posibilidades de resultar significativas como las de principio. Es como si la mente se adormeciera o cansase pero siguiese trabajando a nivel inconsciente.

- Las reglas o estándares de la composición tenían mucho que ver con las fotografías señaladas como impactantes durante la presentación, sin embargo, no mostraron relación con el hecho de ser retenidas en la memoria una vez concluida ésta. Como apunta Suler, aunque las reglas del diseño y la composición pueden ser fundamentales para el impacto inmediato en la conciencia, hay otros elementos vinculados con el contenido de la foto, y relacionados con nuestra personalidad o  experiencia vital, que dotan a la imagen de un significado especial. Sería esta resonancia emocional la que haría que la imagen permaneciese  en la mente y se abriese paso hacia la conciencia. Sin duda, este resultado apoya la idea de Roland Barthes acerca del punctum, como ese elemento azaroso que hace que una foto punce o toque emotivamente al observador.

- Las reacciones más comunes a las fotos recordadas fueron una mezcla de tranquilidad, relajación, simplicidad, amor, integridad o confort. Sensaciones frecuentemente provocadas por imágenes de la naturaleza, pero también por aquellas que presentaban reuniones con amigos o familiares, el sueño o la lectura. Es decir, imágenes que representan una especie de oasis en la vida estresada, multitarea y agitada que llevamos y que nos ponen en contacto con nuestro yo más primario. Resulta curioso cómo a veces los medios de comunicación nos bombardean con imágenes superexcitantes y cargadas de acción, cuando lo que realmente nos resulta atractivo es una especie de retorno a la simplicidad.

En fin, unos resultados interesantes, y que nos ayudan a entender algo mejor por qué algunas fotos tienen en nosotros una fuerte resonancia emocional, mientras que otras nos dejan indiferentes tras un cierto impacto inicial.

Suler, J. (2011). The psychological impact of image streams. International Journal of Applied Psychoanalytic Studies, 9, 84-88.