viernes, 17 de junio de 2016
viernes, 10 de junio de 2016
lunes, 6 de junio de 2016
FOTOGRAFÍA Y PSICOLOGÍA: DALE LA VUELTA A TUS FOTOS.
Foto : Ben Zank
Es posible que hayas reaccionado con cierta sorpresa cuando alguien te ha comentado que sabía que una foto era tuya antes de conocer tu autoría. Te has sorprendido porque pensabas que tus fotos eran muy diferentes entre sí pues no tienes un estilo muy definido. Incluso podrías coincidir en parte con Susan Sontag, cuando afirma que el estilo no existe en fotografía. Al menos en lo que a ti se refiere. Este es un sentimiento muy generalizado, ya que con frecuencia nos cuesta trabajo reconocernos en nuestras fotografías. hasta el punto de que podemos no ser conscientes de lo mucho que nos repetimos. Damos con un tipo de imágenes que consiguen cierta aceptación en las redes sociales y lo machacamos hasta que el filón no da más de sí. Y es que queremos desarrollar un estilo propio que nos otorgue una identidad en el mundo de la fotografía.
Pero esa búsqueda y afirmación de un estilo es una arma de doble filo, y comenzamos a cavar la tumba de nuestra creatividad cuando damos con él. Poco a poco vamos adquiriendo ciertos hábitos, en las imágenes que buscamos, en los puntos de vista, en las focales, en las luces o en los procesados. Y cuando en un acto de rebeldía rompemos con esas rutinas, y exponemos nuestras fotos a los demás sin conseguir los mismos likes que antes, esa desaprobación nos hace volver al redil de "nuestro estilo". Un "estilo" que no hace sino limitarnos como fotógrafos. Y probablemente también como personas.
Mi propuesta es sencilla, trata de hacer algo distinto. Pierde el miedo a fracasar y arriésgate.
Lo primero que tendrás que hacer es tomar conciencia del tipo de fotos que haces. Y es que si algunas veces son el fruto de una búsqueda deliberada, en muchas ocasiones hemos desarrollado unas rutinas fotográficas sin que seamos muy conscientes de ellas. Puedes mirar tus fotos prestando atención a los motivos, a las distancias focales, a la saturación, a los encuadres o a los procesados que sueles utilizar . También puede serte de mucha ayuda que preguntes a algún amigo aficionado. Ya he comentado antes que los demás suelen tener más claro que nosotros mismos la continuidad en nuestro estilo.
El paso siguiente es el de salir de esa zona de confort en la que tan bien te mueves, y experimentar con algo diferente. Incluso haciendo todo lo contrario a lo que suele ser tu hacer fotográfico: Suéltate la melena y atrévete hasta con esas fotografías que no te atraen demasiado.
Tal vez te estés preguntando qué sentido tiene todo esto ¿Acaso se trata tan solo de mejorar tu técnica ampliando tu zona de confort y tu reportorio fotográfico? En parte sí, pero no solo de eso. Como he comentado en más de una ocasión, nuestras fotografías dicen mucho de nosotros mismos, de nuestro carácter o personalidad. Y situarnos en el polo opuesto puede servir para que seamos más conscientes de las fotos que hacemos, y de por qué las hacemos. La fotografía puede ser un camino de autoconocimiento que nos acerque a nuestro yo más profundo. Tal vez empecemos a comprender qué nos lleva a desenfocar, saturar o contrastar las fotos. O a acudir con tanta frecuencia a esos contrapicados extremos. Situándonos en el polo opuesto estaremos aludiendo a nuestra dualidad y alcanzando un mejor equilibrio personal tras la zozobra inicial. No en vano la dualidad y el balance entre fuerzas opuestas son el motor del crecimiento para algunas filosofías orientales, como el taoísmo, y para muchas teorías psicológicas. Carl Jung se refirió a la integración de los opuestos en el desarrollo personal. La integración dialéctica del pensamiento intuitivo y el racional es para la psicología postpiagetiana lo que da paso al pensamiento postformal, última etapa del desarrollo intelectual. Y para el Tao los principios de la realidad son el luminoso Yang y el sombrío Ying. Por lo tanto, atrévete, dale la vuelta a tus fotos y ya veremos qué pasa. Es posible que escapes de ese enredo que te tiene seco y atrapado.
miércoles, 1 de junio de 2016
PRIMER PREMIO PHOTOLUZ
El pasado fin de semana tuve la ocasión de disfrutar como jurado de las fotografías finalistas al premio Photoluz que se falló en Puerto Real. Aunque pueda sonar a tópico, la elección no resultó fácil por la calidad de las colecciones finalistas, lo que no impidió que los tres miembros del jurado coincidiéramos en otorgar el primer premio a la colección presentada por Antonio Alcazar Ojeda . Se trata de tres fotografías nocturnas que se ajustan muy bien al tipo de fotografía que más me gusta. Unas imágenes en las que la noche sirve como excusa para que la oscuridad y la indefinición de los personajes, apenas iluminados por esa luz artificial que nos muestra sin dejarnos ver el todo, otorguen a la serie una enorme carga poética. No en vano los poetas místicos utilizaron la noche como una metáfora de la oscuridad de la que brota la fe. Como también la noche es el contexto de muchas de las imágenes más líricas de fotógrafos como Sudek o Brassai.
Son personajes que, al igual que en algunas fotografías de Trent Parke, surgen de la oscuridad para que la luz nos los revele con cierta ambigüedad como protagonistas de una historia que puede ser una metáfora de la vida. Una metáfora visual que se refuerza con esa balaustrada que marca un ritmo que tiene continuidad a lo largo de las tres imágenes y que parece marcar el curso de la vida. Y es que si la fotografía, como proceso técnico, es un juego de luces y sombras, también la vida lo es, con sus incertidumbres y sus certezas. Se trata de una serie muy bien resuelta técnicamente, y que funciona muy bien como conjunto, porque las imágenes se refuerzan entre sí, ahondando en una idea que si en cada una de ellas apenas está sugerida en el conjunto se nos revela con una poderosa carga emotiva que nos punza el corazón. Una colección de imágenes que se equilibran muy bien a nivel compositivo, logrando un interesante equilibrio dinámico. Así, las dos fotografías de los extremos que incluyen movimiento (los niños a la izquierda y el columpio a la derecha), contrastan con la imagen central, mucho más estática. Un contraste que se suma al contraste de luces y sombras y que aumenta el interés de las fotos. Podríamos pensar que se trata de las dos alas y el cuerpo de un ave que surca la noche, y que hacen que nuestra imaginación vuele tras ella.
Hay fotografías que son bonitas por su impacto visual, por su composición o sus colores, pero que no nos cuentan nada. Lo que no impide que puedan tener mucho valor. Otras fotografías resultan demasiado legibles, y nos relatan su historia a voces. Las fotografías de Antonio se sitúan en un punto intermedio pues tienen una narrativa muy sutil, y nos susurran al oído una historia que, al menos a mí, me hace soñar.
domingo, 22 de mayo de 2016
Sobre la influencia del color en emociones y conductas.
Que el color de las cosas que nos rodean influye en nuestras
emociones y estados de ánimo parece una obviedad que pocos se atreverían a
poner en cuestión. Sin embargo, a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre este
asunto a lo largo de la historia pocas cosas han quedado claras. Y es que si
bien se ha acumulado una abundante literatura científica acerca del color, la
mayoría de estos estudios se han centrado en aspectos físicos o fisiológicos.
Solo durante la última década han aparecido estudios de cierto rigor empírico
sobre los efectos de la percepción del color sobre el funcionamiento humano. Por
lo tanto, mucho de lo que se ha escrito al respecto tiene una dudosa
credibilidad por basarse en intuiciones o reflexiones poco sustentadas en la
evidencia resultante de la investigación. Uno de los primeros escritos sobre la
influencia del color en la experiencia emocional fue "Teoría de los
colores" de Johann Wolfgang von Goethe, en el que el poeta y erudito
alemán, de forma demasiado simplista, categorizaba los colores en mayores (amarillo,
naranja, rojo) y menores (azul, verde,
violeta). Mientras que los primeros inducían sentimientos positivos en el
observador, los segundos generaban sentimientos negativos, como ansiedad,
inquietud o frialdad. No puede decirse que el literato germano anduviera muy
acertado en este punto.
A día de hoy sabemos algo más sobre la materia, y las
conclusiones de una amplia revisión publicada en Annual Review of Psychology
contribuyen a mejorar nuestros conocimientos sobre cómo el color influyen en
nuestros afectos, cogniciones y conductas. Quizá sea el rojo el color que ha
recibido una mayor atención por parte de los estudiosos. El hecho de que sea el color de la sangre, y
por ello de la vida, o que las variaciones en el flujo de la sangre en rostro y
cuerpo contengan mucha información, desde la palidez del miedo, pasando por el
rubor de la vergüenza o la excitación sexual hasta el enrojecimiento de la ira
o agresividad, podrían justificar esta atracción que el rojo ejerce sobre
nuestra atención. No obstante, lo que indican los estudios es que el
significado del color depende del contexto en que lo vemos. Por ejemplo, el
rojo puede conllevar un significado negativo o amenazante cuando se observa en
un rival o contrincante generando una respuesta evitativa, o un significado positivo y apetitivo que nos
impulse a acercarnos, si lo vemos en una pareja potencial. El objeto en el que
vemos el color también modera su significado: una mujer con una camiseta roja
puede parecernos sexy y atractiva, pero si es una mujer de negocios la que va
vestida enteramente de rojo, puede parecernos pasada de moda y hortera. Y si es
el defensa central del equipo rival el que lleva la camiseta roja nos puede
llegar a intimidar. No obstante, en términos generales, tanto el rojo como el
amarillo suelen usarse como indicadores de peligro en señales, luces de freno,
etc. Requerirían de un contexto claramente
apetitivo (sexo o flirteo) para impulsar una asociación positiva.
También el azul y el verde han generado mucho interés entre
los investigadores ya que ambos tienen vínculos positivos con elementos de la naturaleza como el cielo,
el agua o la vegetación, de ahí su asociación con sentimiento positivos, como
la paz, la calma o la franqueza. Se trata de colores que la investigación ha
mostrado que facilitan el desempeño en la realización de diferentes tareas
cognitivas, y que inducen relajación y concentración.
Como conclusión se puede decir que aún queda muchos por
estudiar, no obstante, y en lo que a la fotografía se refiere se puede afirmar
que si a la fotografía en blanco y negro se le atribuye con frecuencia una
mayor capacidad para punzar nuestro mundo emocional, esa es una idea que
tendremos que empezar a descartar. Y es que esa concepción se deriva del hecho
de que las primeras imágenes que contemplamos en fotografía, cine y televisión quienes
tenemos en torno o más de cincuenta años fueron monocromas. Imágenes que dejaron un poso emotivo en nuestra retina
y nuestro cerebro que vibra con frecuencia cuando nos enfrentamos a fotografías
que reavivan esa memoria visual. Sin embargo, nuestro cerebro ha sido diseñado
para responder a los colores con distintos estados emocionales que generan
conductas de acercamiento o evitación, y es que, como dice la canción
"todo es de color".
sábado, 21 de mayo de 2016
domingo, 15 de mayo de 2016
martes, 10 de mayo de 2016
sábado, 7 de mayo de 2016
viernes, 6 de mayo de 2016
lunes, 25 de abril de 2016
sábado, 23 de abril de 2016
viernes, 15 de abril de 2016
miércoles, 13 de abril de 2016
lunes, 11 de abril de 2016
jueves, 31 de marzo de 2016
sábado, 26 de marzo de 2016
El misterio del color
Si la fotografía en B&N genera mucha aceptación y poco debate no podría decirse lo mismo respecto a la fotografía en color. La horquilla va desde los grandes detractores (“la fotografía en color es vulgar” Walker Evans) hasta los amantes incondicionales (Saul Leiter, Harry Gruyaert, Alex Webb), pasando por distintos niveles de aceptación o indiferencia. Cómo es posible que las imágenes en color generen tantas dudas, cuando son mucho más parecidas a lo que nuestros ojos ven. Y, sobre todo, cuando el color está tan profundamente relacionado con nuestro mundo emocional. El color, tan discutido, con el alto valor adaptativo que ha tenido a lo largo de la evolución de la especie humana.
La respuesta podría estar en que introduce una mayor complejidad en las imágenes, ya que al contraste, las formas, las líneas, las texturas y los tamaños, por citar solo algunos elementos perceptivos, habría que añadir el color. Y sabemos que nuestro cerebro busca la simplicidad, por lo que con tantos grados de libertad tendería a agobiarse perdido ante tanta confusión. Eso podría justificar el atractivo de fotografías en color en las que la sencillez domina a la complejidad, porque otros elementos están ausentes. Sin embargo, el asunto parece algo más complicado.
Y es que el color no existe como algo objetivo en el mundo exterior. Se trata de radiaciones electromagnéticas de diferentes longitudes de onda que golpean nuestra retina y que son transformadas en patrones de actividad electroquímica en nuestro cerebro. Como resultado de todo lo que ocurre en el interior de nuestra cabeza percibimos los colores. Sin embargo, las personas nos diferenciamos tanto el número como en el tipo de foto-receptores que tenemos. Podría, por lo tanto, decirse que en mayor o menor medida somos ciegos a distintos tipos de colores. Así, por ejemplo, mientras que la mayoría de personas tienen tres tipos de receptores del color, algunas, sobre todo las mujeres, disponen de un cuarto tipo, lo que supone que pueden ver colores que el resto ni siquiera puede imaginar. Sólo una parte de lo que vemos es debido a aquello que nuestro ojos está mirando, el resto es construido internamente por nuestro cerebro. Y está construcción depende en gran medida de nuestros esquemas mentales previos.
Por lo tanto, ante una misma imagen en color no todos vamos a ver lo mismo. Si para algunos una fotografía puede tener unos matices sutiles que combinan a la perfección, otros verán colores estridentes que hieren su sensibilidad. Basta con echar un vistazo a las fotos más populares de redes sociales como 500px o Flickr para entender lo que quiero decir. Algunos veréis auténticos bodrios capaces de herir la sensibilidad de un artillero y otros os derretiréis con tanta belleza azucarada. Si estáis entre los primeros, es posible que estéis entre los afortunados que disponen de cuatro tipos de foto-receptores.
martes, 22 de marzo de 2016
viernes, 18 de marzo de 2016
jueves, 10 de marzo de 2016
martes, 1 de marzo de 2016
miércoles, 24 de febrero de 2016
domingo, 21 de febrero de 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016
LA PALOMA EN SU CAJA O CÓMO LAS REDES SOCIALES MODELAN NUESTRO ESTILO FOTOGRÁFICO
Pocos conceptos psicológicos han trascendido más a la opinión pública que el de reforzamiento, una de las técnicas básicas del condicionamiento operante. Fue Thorndike el primero en hablar del asunto, al establecer un principio que denominó Ley del efecto: "cualquier conducta que en una situación produce un efecto satisfactorio se hará más probable en el futuro". Pero la idea fue desarrollada posteriormente por Skinner mediante sus experimentos con palomas.
En la actualidad casi todo el mundo sabe que un refuerzo positivo es todo aquello que hace aumentar la frecuencia de emisión de la respuesta por parte del sujeto. Se trata del mecanismo más efectivo para hacer que tanto animales como humanos aprendan. Se denomina “refuerzo” porque aumenta la frecuencia de la conducta, y “positivo” porque el refuerzo está presente. Refuerzos positivos típicos son las alabanzas, los regalos o el dinero.
Pues bien, estos refuerzos positivos son algo intrínseco al funcionamiento de las redes sociales como Facebook o Twitter. Colgamos en nuestros muros, o en el muro de grupos, textos o fotos que son recibidos con “likes” o comentarios más o menos favorables. De acuerdo con Thorndike o Skinner tendemos a repetir esas conductas que reciben más refuerzo, mientras que las que no son tan bien recibidas tienden a extinguirse y desaparecer. Y eso es lo que puede ocurrir con nuestras fotos. Cuando las colgamos no estamos seguros de la acogida que tendrán, y con frecuencia nos llevamos sorpresas: fotos que nos gustan mucho pasan desapercibidas y otras que nos generan dudas son aclamadas de forma unánime, o casi.
La consecuencia de ello es que poco a poco tendemos a hacer, editar y colgar fotos en la línea de esas que recibieron más comentarios y “me gusta”, y nuestro estilo de irá modelando para adaptarse al gusto de las redes sociales. En ocasiones no es necesario que experimentemos el reforzamiento en nuestras propias carnes, o fotos, y basta con observar cómo refuerzan las de los demás, que tenderemos a imitar. Es lo que Albert Bandura denominó “aprendizaje observacional” .Tal vez pensemos que a nosotros no nos pasa, ya que somos libres para tomar la decisión sobre qué tipo de fotografía queremos hacer, pero, tal vez, eso no sea sino una vana ilusión, ya que la fuerza del condicionamiento para modelar nuestra conducta es tremenda. Basta con ver la evolución que siguen muchos grupos de fotografía para notar cómo la uniformidad va aumentando con el paso del tiempo, a pesar de que aumenta el número de integrantes. Por lo tanto, la conclusión parece clara, no des demasiada importancia a esos reforzamientos y busca criterios más fiables para valorar tu trabajo y tomar decisiones sobre tu estilo.
domingo, 14 de febrero de 2016
jueves, 11 de febrero de 2016
domingo, 7 de febrero de 2016
jueves, 4 de febrero de 2016
Noche con niebla (Sarajevo, 2015)
Ubicación:
Sarajevo, Bosnia-Herzegovina
lunes, 1 de febrero de 2016
sábado, 30 de enero de 2016
Nube y chica con sombrilla (Bangkok, 2015)
Ubicación:
Bangkok, Tailandia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

































