domingo, 19 de junio de 2016

LA BUENA FOTOGRAFÍA NO SUELE CONTAR LA VERDAD

Foto: Inge Morath
Los psicólogos sabemos que la objetividad no existe en la percepción. La configuración o disposición de los elementos que tenemos delante, junto a todos los filtros perceptivos que nuestro cerebro impone determinan lo que percibimos. Son muy conocidos los experimentos de la Psicología de la Gestalt sobre ilusiones ópticas y estímulos ambiguos que ponen de manifiesto cómo la realidad nos engaña continuamente. Y si tan siquiera podemos hablar de objetividad respecto a lo que ven nuestros ojos, pretender hacerlo cuando se trata de la fotografía se nos antoja como una empresa imposible. Reconozcámoslo, el fotógrafo siempre manipula, con mayor o menor acierto y credibilidad, la realidad que nos presenta en sus fotos. Lo que vemos en las imágenes que captó no es la verdad, es tan solo su verdad. Una manipulación que no tiene lugar exclusivamente durante el procesado de sus fotos, sino desde el mismo momento en que fija los parámetros de su cámara para realizar la toma. O incluso antes, cuando elige cámara y lente.

Aunque siempre se alude al encuadre, es decir, a los elementos que el fotógrafo decide incluir en el visor, a los que deja fuera, y a cómo los incluidos se relacionan entre sí, ese no es sino uno más de los muchos grados de libertad de que disponemos para jugar con una escena. Repasemos algunos de ellos. 

La elección de una distancia focal determina no sólo la cantidad de realidad que incluimos en ese encuadre, sino la mayor o menor cercanía con que percibimos los elementos del primer plano con respecto a los situados tras él. Ese buitre que parece a punto de devorar el niño en realidad se encuentra unos cien metros atrás, pero la ilusión está creada. 

El punto de vista desde el que toma la foto también va a tener una influencia decisiva en lo que percibirán quienes vean nuestras fotos. Si nos agachamos para realizar un contrapicado, un sujeto situado en un primer plano ganará en estatura, poder o prestigio. En cambio, el picado, desde una posición superior hará que el sujeto parezca inferior, insignificante o sumiso. Si optamos por una toma a nivel del sujeto con un ángulo de cámara normal lo veremos como un igual, lo que nos animará a empatizar e identificarnos con él. Incluso Mariano Rajoy podría resultar humano y simpático. Si inclinamos la cámara hacia un lado de manera que el horizonte se vuelque, como en la conocida foto de Inge Morath, en la que Marilyn Monroe y Eli Wallach bailan ante un divertido Clark Gable durante el rodaje de Vidas rebeldes, la sensación de dinamismo se acentuará. Baile, movimiento, risas y una botella de bourbon medio vacía nos transmiten la idea de que no se lo estaban pasando mal. Aunque esa sensación de movimiento se puede aumentar fijando una velocidad de disparo lenta, o trepidando la foto, o mediante el ritmo conseguido por la repetición de elementos, o jugando con la composición, o por una amplia batería de estrategias que el fotógrafo tiene en su mano para conseguir que una imagen fija desprenda dinamismo.

La exposición también desempeña un papel relevante en lo que cuenta una foto. Mediante la subexposición conseguiremos aumentar la saturación de los colores y el contraste tonal, subiendo el tono emocional de la imagen, que nos parecerá mucho más viva y dramática. Incluso servirá para no tener que echar mano al tampón de clonar, ya que podremos hacer que desaparezcan en las sombras algunos elementos indeseables. Si no fue suficiente bastará con unos ligeros ajustes globales posteriores con Lightroom o Photoshop. Así nadie podrá acusarnos de clonado o manipulación, aunque la imagen final conlleve la misma alteración de la realidad.

Las líneas también están a nuestro servicio de cara a potenciar una idea: las líneas horizontales transmiten equilibrio, calma y estabilidad; las verticales fuerza, poder o espiritualidad; las líneas curvas conllevan mucha sensualidad y gracia, y las diagonales tensión y dinamismo. Pero, sobre todo, van a servirnos para dirigir la mirada del observador hacía donde se encuentra el elemento que queremos resaltar.

Por lo tanto, resulta complicado hablar de objetividad en fotografía. Siempre podrás intentarlo con lentes de distancia focal media, encuadres objetivos que no dejen fuera elementos de la escena, e incluso haciendo uso del HDR para lograr el máximo parecido a lo que ven nuestros ojos. Podrás intentar no poner nada de ti en tus fotos, tratando de que sean lo más asépticas posibles, sin ninguna contaminación del fotógrafo. No sé si lo conseguirás, pero creo que sí lograrás imágenes frías y sosas. En cambio, podrás optar por poner todos los recursos técnicos que te ofrece la fotografía al servicio de lo que quieres transmitir. Seguro que no habrá objetividad en tus fotos, pero es muy probable que haya una subjetividad muy hermosa.