miércoles, 27 de enero de 2016

Psicología y Fotografía: Minimalismo y complejidad




Este mundo nuestro de la fotografía está lleno de debates que son una muestra de rica diversidad y que le añaden su puntito de pimienta e interés. No obstante, y aunque la sangre no suele llegar al río, no faltan las ocasiones en que nos perdemos en discusiones estériles que sólo consiguen elevarnos la tensión arterial: B&N o color, zoom o lente fija, retoque o no retoque, etc. Quizá uno de los más interesantes es el que se mueve entre el minimalismo y la complejidad visual. Así, mientras que unos fotógrafos  se sienten atraídos por el equilibrio y la simplicidad otros se inclinan por las escenas maximalistas y barrocas. ¿A qué  obedecen esas diferentes preferencias estéticas? Pues, en gran parte,  a los rasgos de la personalidad del fotógrafo, concretamente al estilo cognitivo denominado "nivelación versus acentuación" (leveling versus sharpening). De acuerdo con este estilo descrito a mediados de los 50 por Holzman y Klein, algunas personas tienden a acentuar los detalles tanto en las cosas y situaciones que ven como en las que recuerdan.  Así, para los acentuadores el recuerdo de lo vivido estaría repleto de anécdotas y particularidades mientras que los niveladores mostrarían unas memorias más globales y poéticas, en que las que el material recordado sería simplificado despojándolo de elementos prescindibles.
De acuerdo con Rudolf Arnheim, la nivelación se caracteriza por estrategias tales como la unificación, la intensificación de la simetría, la reducción de rasgos estructurales, la repetición y la eliminación de elementos oblicuos o que desentonan con la composición. En cambio, la acentuación busca todo lo contrario, aumentar la asimetría, la oblicuidad y la irregularidad  en la composición. Es evidente que cada uno de estos mecanismos van a dar lugar a imágenes muy diferentes que generarán efectos distintos en el observador: las "niveladas" serán imágenes más sencillas que tenderán a transmitir equilibrio y calma; por el contrario, las acentuadas serán imágenes más inestables y dinámicas que pueden crear tensión en quien las observa. Evidentemente, tanto las fotografías minimalistas como las complejas  pueden funcionar bien dependiendo de su finalidad, aunque  el estilo cognitivo, tanto del fotógrafo como del observador, va a influir en que el primero muestre una clara tendencia a generar fotos de mayor o menor complejidad visual,  y en que el segundo se sienta más  o menos atraído por dicha complejidad.
Evidentemente, no será este estilo cognitivo la única variable o rasgo personal que determine nuestras preferencias estéticas. Otras características psicológicas también serán decisivas. Así,  los sujetos algo más ansiosos y que evitan las situaciones estresantes no se sentirán muy atraídos por las imágenes dinámicas y complejas, prefiriendo la simplicidad minimalista. También lo será el nivel de familiaridad o la formación visual y fotográfica.  Así, en la medida en que nuestra cultura visual vaya aumentando  también lo hará nuestra tolerancia ante la complejidad  y nos sentiremos más cómodos ante imágenes maximalistas.
Fotos: Michael Kenna y Alex Webb