En más de una ocasión, cuando he intentado analizar la creatividad fotográfica o artística desde la psicología —ya sea en charlas o en escritos— me he encontrado con cierta desconfianza. A veces es simple escepticismo; otras, un rechazo más claro. Lo curioso es que esa reacción no suele aparecer cuando la psicología estudia otros aspectos de la mente humana, como la percepción, las emociones, el pensamiento o la memoria. Entonces, ¿por qué sucede cuando hablamos de creatividad? Si crear también es una actividad de la mente, ¿por qué incomoda tanto que se estudie científicamente?
Tal vez exista el temor de que analizar la creatividad sea una forma de “romper el hechizo”. Como si explicar sus mecanismos pudiera apagar la chispa, eliminar la magia o restarle misterio a una obra de arte. ¿Acaso entender cómo funciona la mente creadora podría borrar la sorpresa que sentimos ante una gran obra?
También influyen algunos mitos muy arraigados. Uno de los más extendidos es la idea de que la creatividad proviene de una fuente casi divina, como un don reservado a unos pocos elegidos. A los genios. Bajo esa mirada, el artista sería una especie de médium tocado por la inspiración, no una persona que utiliza —de manera extraordinaria, sí, pero humana al fin y al cabo— sus capacidades cognitivas y emocionales.
Quizá por eso a algunos les inquieta que la psicología sugiera que la creatividad no nace de procesos misteriosos e inaccesibles, sino de mecanismos mentales que, en esencia, compartimos todos. Pensar que una obra extraordinaria surge de un cerebro humano “normal” puede parecer, para algunos, una forma de restarle valor.
Sin embargo, comprender no es despojar. Al contrario: entender los procesos cognitivos y emocionales que sostienen la creatividad no reduce el disfrute artístico, del mismo modo que conocer cómo funciona el oído no disminuye el placer de escuchar música.
Además, este conocimiento abre una puerta esperanzadora: si la creatividad es fruto de procesos mentales que podemos estudiar, también podemos aprender a estimularlos y entrenarlos. En lugar de considerarla un privilegio de unos pocos “elegidos por los dioses”, podemos verla como una capacidad humana que, con las condiciones adecuadas, puede desarrollarse. Y eso, lejos de restar magia al arte, quizá lo haga aún más admirable: nos recuerda que la maravilla surge de la mente humana y de su extraordinaria capacidad para imaginar, combinar, transformar y crear.
Fotografía: Antonio López pintando fotografiado por María López





