miércoles, 11 de marzo de 2026

CIENCIA Y ARTE: SOBRE EL RECHAZO AL ANÁLISIS PSICOLÓGICO DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA

 


En más de una ocasión, cuando he intentado analizar la creatividad fotográfica o artística desde la psicología —ya sea en charlas o en escritos— me he encontrado con cierta desconfianza. A veces es simple escepticismo; otras, un rechazo más claro. Lo curioso es que esa reacción no suele aparecer cuando la psicología estudia otros aspectos de la mente humana, como la percepción, las emociones, el pensamiento o la memoria. Entonces, ¿por qué sucede cuando hablamos de creatividad? Si crear también es una actividad de la mente, ¿por qué incomoda tanto que se estudie científicamente?

Tal vez exista el temor de que analizar la creatividad sea una forma de “romper el hechizo”. Como si explicar sus mecanismos pudiera apagar la chispa, eliminar la magia o restarle misterio a una obra de arte. ¿Acaso entender cómo funciona la mente creadora podría borrar la sorpresa que sentimos ante una gran obra?

También influyen algunos mitos muy arraigados. Uno de los más extendidos es la idea de que la creatividad proviene de una fuente casi divina, como un don reservado a unos pocos elegidos. A los genios. Bajo esa mirada, el artista sería una especie de médium tocado por la inspiración, no una persona que utiliza —de manera extraordinaria, sí, pero humana al fin y al cabo— sus capacidades cognitivas y emocionales.

Quizá por eso a algunos les inquieta que la psicología sugiera que la creatividad no nace de procesos misteriosos e inaccesibles, sino de mecanismos mentales que, en esencia, compartimos todos. Pensar que una obra extraordinaria surge de un cerebro humano “normal” puede parecer, para algunos, una forma de restarle valor.

Sin embargo, comprender no es despojar. Al contrario: entender los procesos cognitivos y emocionales que sostienen la creatividad no reduce el disfrute artístico, del mismo modo que conocer cómo funciona el oído no disminuye el placer de escuchar música.

Además, este conocimiento abre una puerta esperanzadora: si la creatividad es fruto de procesos mentales que podemos estudiar, también podemos aprender a estimularlos y entrenarlos. En lugar de considerarla un privilegio de unos pocos “elegidos por los dioses”, podemos verla como una capacidad humana que, con las condiciones adecuadas, puede desarrollarse. Y eso, lejos de restar magia al arte, quizá lo haga aún más admirable: nos recuerda que la maravilla surge de la mente humana y de su extraordinaria capacidad para imaginar, combinar, transformar y crear.

Fotografía: Antonio López pintando fotografiado por María López

martes, 10 de febrero de 2026

EL CONFLICTO PSÍQUICO COMO FUENTE DE CREATIVIDAD ARTÍSTICA


 

"Me tomó cuatro años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño"
Pablo Picasso

Hace tiempo que sabemos que la idea tópica de que la creatividad solo florece en momentos de malestar psicológico ha quedado descartada por la evidencia proveniente de la investigación: se puede crear tanto desde el malestar como desde el bienestar. Tanto las emociones negativas como las positivas son el combustible que alimenta el fuego creativo. Ello no supone descartar la tesis de que el conflicto psíquico pueda ser una importante fuente de inspiración artística. Desde hace tiempo, la psicología ha propuesto que estos conflictos, a pesar del malestar que pueden conllevar, representan un importante motor para el desarrollo personal. También para la creatividad.

Cuando hablamos de conflicto psíquico nos referimos a la tensión interna que aparece cuando en la mente de una persona coexisten impulsos, deseos, emociones o pensamientos contradictorios. La tensión creada por estas fuerzas opuestas busca una solución que, en algunas ocasiones, puede alcanzarse a través de la expresión artística: mediante el arte podemos expresar aquello que nos preocupa y que no nos resulta fácil verbalizar. En lugar de seguir enredado en pensamientos obsesivos, el creador puede utilizar el conflicto como materia prima para su obra. Emociones intensas, como la rabia, la tristeza o la ansiedad, pueden convertirse en inspiración para proyectos artísticos, con lo que puede rebajarse la tensión psíquica al transformar el malestar en una manifestación expresiva y simbólica que compartir.

Aunque en la actualidad el valor del conflicto puede entenderse desde diversos enfoques o teorías psicológicas, fue el psicoanálisis el que primero aludió a su poder como motor de la creatividad, al considerar que impulsa al artista a buscar nuevas formas de presentar la contradicción interna, permitiendo que el malestar se transforme en una manifestación expresiva. Freud abordó el tema del conflicto psíquico en relación con Leonardo da Vinci en su obra Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci (1910). En este texto, Freud intentó explicar la fuente de la creatividad, la curiosidad intelectual y la sublimación artística de Leonardo a partir de su historia infantil y de conflictos tempranos no resueltos.

Autores como el psicoanalista e historiador del arte Ernst Kris acuñaron el término regresión al servicio del yo, con el que aludían a la capacidad del yo para permitir un retorno a formas de pensamiento infantil ya superadas, con el propósito de favorecer la creatividad mediante la elaboración simbólica, sin las restricciones de lo racional. Es decir, se trataría de dejar a un lado, por un momento, el pensamiento lógico para acceder a contenidos inconscientes y experiencias previas, dando prioridad a la intuición y a la elaboración simbólica. Más adelante, en una fase progresiva, el yo racional impondría su organización, otorgando coherencia y orden al material expresivo creado.

En conclusión, el conflicto puede ser una valiosa fuente de inspiración para la creación artística. Al transformar el malestar en una expresión estética que puede compartir, el artista no solo alimenta su creatividad, sino que también aligera la carga de los conflictos que lo atormentan.


Fotografía: Ralph Gibson