lunes, 23 de enero de 2017

PSICOLOGÍA Y FOTOGRAFÍA: CÓMO CAMBIAN LAS PREFERENCIAS ESTÉTICAS




Aunque se suele decir que "el libro del gusto está en blanco" o que "para gustos los colores", existe un extraño mecanismo psicológico que nos lleva a pensar lo contrario. Es decir, creemos que existen normas estéticas que justifican que una obra de arte tiene más valor intrínseco que otra, por encima de valores de mercado o de modas pasajeras. Incluso desde una perspectiva evolucionista se da por hecho que hay preferencias universales e innatas por imágenes con simetrías, espacios abiertos, secciones áureas, armonía de colores o fuertes contrastes. Una preferencia que obedecería a las ventajas para la supervivencia que ofrecerían esas preferencias al sujeto que las posee. Algunos estudios que muestran cómo sujetos de distintas culturas comparten gustos estéticos sería la evidencia aportada a favor de dicha teoría. Sin embargo, como ha señalado Claus-Cristian Carbon (2011), parece que la evidencia disponible deja mucho que desear, y aunque existe bastante uniformidad al respecto entre los sujetos de una misma cultura, las diferencias transculturales también son importantes.

Por otra parte, la Historia del Arte nos muestra cómo los movimientos artísticos se han sucedido a lo largo del tiempo. Si en un primer momento las preferencias estéticas del hombre de la calle se muestran reacias al cambio y siguen ancladas en el pasado, no suele pasar demasiado tiempo para que lo nuevo sea aceptado y torne caducas las preferencias previas.

El cambio se produce debido al mecanismo cognitivo de adaptación y al fenómeno de la exposición repetida, que hace que nos resulten atractivas aquellas imágenes que vemos con más frecuencia. Sin embargo, la novedad tiene una vida corta, y lo nuevo también terminará en algún momento cansando y aburriendo. Se trata de lo que en el siglo 19 Göller llamó "Formermüdung" (fatiga de la forma). En ese momento algunos artistas y creadores, que suelen ser quienes antes se aburren, propondrán innovaciones que sustituirán lo anterior. Y ya tenemos el ciclo completo, aunque en ocasiones, y pasado mucho tiempo, lo viejo puede volver con aires renovados. Es, al menos, lo que Martindale (1990) propuso en su libro "A clockwork muse", donde presentó una amplia evidencia acerca de los cambios cíclicos en los campos de la música, las artes visuales y la poesía. Para este profesor de psicología en la universidad de Maine, la ley de la novedad que genera el cambio está provocada por el principio de habituación, que no es sino la pérdida progresiva de interés que manifiestan los organismos en estímulos que se presentan de forma repetida. Es decir, el interés generado por la novedad sigue un curva en forma de U invertida, y la repetición generaría un atractivo que poco a poco iría decayendo.

A partir de todo lo anterior se podría deducir que hablar de obras clásicas o de normas estéticas universales, cómo la sección áurea, no tiene mucho sentido, puesto que las preferencias estéticas son efímeras, lo que introduce un relativismo estético bastante inquietante. Ello explicaría que en los foros de fotografía cada vez se vea con más recelo y cierto cansancio la obra del otrora indiscutible Cartier-Bresson, y que autores como Robert Frank, Cindy Sherman o William Eggleston, ya se hayan convertido en clásicos entre los aficionados a la fotografía. Eso sí, el hombre o mujer de la calle necesita más tiempo para que se produzca el cambio en sus preferencias.


Texto: Alfredo Alfredo Oliva Delgado​.

Foto. William Eggleston​.

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