viernes, 14 de marzo de 2014

Fotografía y Psicología: Ambigüedad y complejidad en la fotografía


                                 Fotografía de Robert Frank

En 1927 una psicóloga rusa, Bluma Zeigarnik llevó a cabo algunos experimentos con una serie de tareas, tales como completar un puzzle o resolver un dilema, en los que puso de manifiesto que aquellas que eran interrumpidas antes de ser completadas por el sujeto se recordaban mejor que las que ya habían sido solucionadas.La cosa no debe extrañarnos, ya que el cerebro sigue dándole vueltas a esos asuntos tratando de encontrar la respuesta. Eso explica que a veces no consigamos quitarnos de la cabeza algún problema o preocupación personal o laboral. Incluso un enigma sin resolver nos puede llegar a desvelar en plena noche, pues permanece activo en nuestras mentes hasta que llegamos a solucionarlo o hasta que la frustración ante el fracaso nos lleva a abandonarlo. Supongo que este efecto debe ser bien conocido por los guionistas de las series televisivas, o por los diseñadores de videojuegos. Debes quedarte con la miel en los labios para que desees llegar hasta el final.

Este efecto me recuerda a la ley gestáltica de cierre, que no es sino la tendencia de nuestro cerebro a completar figuras o formas inacabadas o sólo insinuadas, puesto que en ambos casos trata de terminar lo empezado. Y también me hace pensar en el atractivo que tienen algunas fotografías cuyo contenido resulta ambiguo para el observador y generan cierta tensión intelectual. Algunas imágenes son transparentes y sencillas, pueden resultar hermosas o descriptivas, aunque el interés que despiertan a veces se desvanece pronto. Otras suscitan cierta perplejidad cuando las contemplamos por primera vez pues su lectura resulta más compleja, incluso tienen una fuerte carga de ambigüedad. Son imágenes que ponen en funcionamiento al cerebro, que trata de dar respuesta a la pregunta o dilema que plantean.

Ambos tipos de fotografías pueden ser de mucha calidad, y no es mi intención el quitarle valor a aquellas fotografías que tienen una lectura simple o directa. Vamos a encontrarnos con ejemplos valiosos de los dos modelos de imágenes. Lo más interesante del asunto es cómo variables relativas a la personalidad van a influir de forma decisiva en nuestras preferencias. Y es que, a tenor de encontrado por algunos estudios, la mayor tolerancia al estrés hace que puedan interesarnos más las imágenes con cierta ambigüedad o complejidad y que nos plantean un reto cuando las contemplamos. Esas fotografías que parecen esconder su contenido pueden crear una tensión que resulte incómoda para quienes se manejan peor ante los lances estresantes, pero que en cambio sean vividas como excitantes o estimulantes por otro tipo de personas. En fin, nada distinto a lo que ocurre con otro tipo de situaciones de la vida en las que nuestra mayor o menor predisposición a buscar nuevas sensaciones o a afrontar desafíos, ya sean físicos o intelectuales, va a determinar nuestras preferencias.


Publicado en el último número de Tiempos Modernos
http://www.tiempos-modernos.es/


                                 Robert Adams

miércoles, 12 de marzo de 2014

Meandro de Melero

No hace falta viajar muy lejos para encontrar algunas maravillas naturales. Este meandro está en Las Hurdes, al norte de la provincia de Cáceres.




viernes, 7 de marzo de 2014

Fotografía y Psicología: el homocóptero y la proximidad gestáltica.



Qué gran fabuladora es la fotografía, y qué herramienta tan potente tiene el fotógrafo en sus manos para presentar la realidad a su manera.  Sus encuadres son siempre una elección personal que operan como sirvientes de su causa.  Incluye lo deseado y excluye lo molesto. Apunta desde abajo para dignificar  o desde arriba para caricaturizar. Y, sobre todo, se aprovecha de esa visión monocular que le ofrece su cámara para aplastar en un plano bidimensional  la realidad  tridimensional que nos ofrece nuestra visión binocular. Así, la fotografía proporciona una imagen en la que se superponen cosas  y establece relaciones entre ellas que no existían antes de la toma. Lo que estaba en el fondo de la foto se acerca y yuxtapone a lo que se encuentra en un primer plano para ofrecer en ocasiones una imagen sorprendente.

La teoría de la Gestalt, en su intento de explicar  cómo interactúan entre sí los elementos del campo visual, nos ayuda a entender este fenómeno. En una entrada anterior ya comenté que nuestro cerebro tiende a organizar y simplificar lo que percibimos, y que en el campo visual operan una serie de fuerzas que provoca que los elementos se atraigan o repelan entre sí. Pues bien, la Ley de la Proximidad indica que cuánto más cerca se encuentren dos o más elementos mayor será la probabilidad de que los percibamos como un único objeto o patrón visual. Así, en la medida en que dos elementos vayan acercándose en el campo visual tenderemos a percibirlos de forma unitaria.

Los fotógrafos siempre han intuido este fenómeno y se han divertido jugando con las relaciones entre fondo y figura para crear juegos visuales interesantes y divertidos. Lee Friedlander , ese gran fotógrafo americano que nos mostró su particular visión de las calles y caminos de su país, era un maestro en ese arte de combinar diferentes planos para generar imágenes complejas y ambiguas que sorprendiesen al cerebro. Un ejemplo de ello lo encontramos en esta instantánea tomada en Knoxville (ver aquí), en la que la señal de tráfico y la nube crean conjuntamente la  estampa de un helado.

Algo parecido sucede en la fotografía superior que tomé en un zoco de Meknes. En ella el hombre y la sombrilla confluyen en una curiosa imagen, dándonos la sensación de que nos encontramos con un hombre pertrechado con una especie de casco volador con unas aspas similares a las de un helicóptero. O tal vez sea un enorme ventilador que le alivie el bochorno de las tardes estivales. En cualquier caso se trata de una interesante confluencia, pues hombre y sombrilla parecen fusionados en una figura singular.


Al igual que ocurría con la ley gestáltica de la similitud, nos encontramos con un principio que puede resultarnos de mucho interés a la hora de tomar fotos. Nuestra tendencia natural es la de centrar nuestra atención en la figura tendiendo a olvidarnos del fondo. Ese es un gran error ya que si a veces fondo y figura nos proporcionan un ingenioso juego visual, en otras ocasiones las relaciones que se establecen entre ellos no son tan afortunadas, y  haber estado ajenos a dicho diálogo de planos puede arruinarnos una buena foto.


Un ejemplo magistral de combinación de fondo y figura por el gran Chema Madoz


miércoles, 5 de marzo de 2014

Hurdanos: Badul el rey del carnaval

El pasado sábado debía haberse celebrado el carnaval del Martilandrán (Las Hurdes). Desafortunadamente la lluvia obligó a suspender la celebración. No obstante, Jose, un personaje entrañable que había sido elegido para ser  rey del carnaval, accedió a posar con su cetro y su corona en su misma casa. Después nos enseñó algunas de las casas cerradas del pueblo. Finalmente tomamos unas copas y quedé en enviarle alguna copia de las fotos. Fue un día de buenas fotos.









miércoles, 26 de febrero de 2014

Fotografía y Psicología: Fotografía y similitud gestáltica




Estoy seguro de muchos de vosotros habéis oído hablar de la Gestalt, una escuela de psicología fundada en Alemania a principios del siglo pasado por Max Werheimer. Y algunos también sabréis que propuso algunas leyes relacionadas con la percepción visual que  nos indican cómo nuestro cerebro tiende a organizar y simplificar lo que percibimos. Para esta teoría de la percepción, en el campo visual operan una serie de fuerzas que guardan cierta similitud con lo que ocurre en los campos eléctrico y magnético, y que determinan que los elementos se atraigan o repelan entre sí.

Creo que estas leyes son de mucho interés para el fotógrafo pues nos pueden servir para estructurar mejor nuestras imágenes. También van a ayudarnos a hacer una correcta lectura de cualquier fotografía, profundizando más en sus elementos compositivos. Una de las leyes más interesantes es la de similitud, que hace referencia que los elementos visuales similares (en forma, color, tamaño, etc.) tienden a ser vistos como relacionados, y tendemos a  agruparlos en patrones.

Me ha parecido que para ilustrar esta ley puede venirnos bien la conocida foto de Henri-Cartier Bresson, en la que  nos muestra un retrato de Marie Curie y su esposo.  Se trata de una fotografía tomada en el laboratorio donde trabajaban. Es un retrato de la pareja, de medio cuerpo con un iluminación natural que viene de su izquierda, y que según cuenta Bresson  tomó justo en el momento de ser recibido por los investigadores. Ello puede explicar  la actitud poco amistosa de la premio Nobel. Lo que más me ha sorprendido siempre de esta foto es la similitud entre los esposos. El extraño mimetismo que emana de la pareja y que nos sugiere sin ninguna duda de que se trata de dos personas que viven juntas, trabajan juntas y  duermen juntas. La repetición del gesto facial, aunque algo más duro en Marie que en su marido, que parece a punto de esbozar una sonrisa. La misma posición de las manos,  el mismo escorzo, unas ropas con ciertas semejanzas en su modestia, muy de a diario a pesar  la corbata de él. Hasta las solapas de sus chaquetas se parecen, o incluso esas plantas que parecen brotar de sus cabezas.  En fin, una imagen que deja pocas dudas sobre la inquebrantable unidad del matrimonio sólo rota por la trágica muerte de Pierre. 

Este es un claro ejemplo de cómo los elementos visuales de la imagen contribuyen de forma potente a dar fuerza al mensaje que la foto transmite. No parece que la posición estuviese sugerida por el retratista, que sin duda estuvo atento a captar ese momento decisivo en el que los cuerpos de los esposos se alinearon en un gesto redundante.

La foto de abajo, bastante más modesta, refleja también esa similitud entre las posturas de los paisanos conileños, que se  apoyan sobre la baranda y crean una simetría de parejas de ropas de colores claros  a cada lado del sujeto de camiseta roja. Una similitud que contribuye al equilibrio compositivo de la imagen.


miércoles, 22 de enero de 2014

Neuroestética: El cerebro y la búsqueda de la belleza


El debate acerca de si la belleza puede ser definida en términos objetivos o de si por el contrario depende de factores subjetivos ha estado presente a lo largo de toda la historia del arte. La búsqueda de un canon de belleza objetiva se remonta a la antigua Grecia, con la propuesta de Platón de considerar la belleza como una propiedad intrínseca de algunos objetos que provoca una experiencia placentera al observador.  Pero si el asunto ya era complejo, la cosa se complicó aún más cuando algunos autores, como Marcel Duchamp, abrieron la caja de Pandora del arte sobrepasando los límites de la estética: la belleza ya no era imprescindible.

Pues bien, parece que las ciencias del cerebro - con sus nuevas y sofisticadas técnicas de neuroimagen  vienen a arrojar luz sobre este espinoso asunto. Es cierto que el interés por conocer las bases biológicas de la estética no es nuevo y ya en Darwin encontramos algunas interesantes reflexiones acerca del valor adaptativo  de la experiencia estética y la evolución del arte a lo largo de la historia de la especie humana.  Pero es a comienzos del siglo actual cuando neurólogos como Semir Zeki o Hideaki Kawabata  acuñan el término de neuroestética para hacer referencia a la ciencia que trata de conocer qué sucede en nuestro cerebro cuando apreciamos o creamos belleza. Belleza que puede estar presente no sólo en  la obra artística, sino en cualquier objeto.  Y es que los límites del arte son bastante imprecisos, y no conviene dejar fuera algo que el tiempo, o algún comisario o crítico clarividente, colocarán en el altar sacrosanto de lo artístico.

Esta nueva rama del saber pretende conocer cuáles son las estándares universales de la belleza, separándolos de lo que son gustos personales o estilos y modas pasajeros, y para ello se sirve de toda la potencia de las resonancias magnéticas funcionales para analizar lo que ocurre  en nuestro cerebro durante la contemplación de la belleza y la fealdad.

En un reciente estudio llevado a cabo en el laboratorio de Giacomo Rizzolatti–sí, el mismo neurocientífico que descubrió la existencia de las neuronas espejo- presentó a un grupo de sujetos, sin una formación artística especial, una serie de láminas que mostraban obras de arte clásico o renacentista  en su versión original y en versiones modificadas. En estas obras, que pueden  ser aceptadas como representaciones normativas de la belleza en Occidente -ni el mismísimo Bloom se atrevió con un canon universal-, se alteraron sus dimensiones para crear versiones que rompían con la ratio o proporción áurea (1.61803398875) y que ofrecían menos valor estético. Los sujetos del estudio pasaron por tres situaciones experimentales. En la primera simplemente debían limitarse a contemplar las obras como si estuvieran en un museo. En la segunda debían decir si les gustaban o no, y en la tercera y última tenían que juzgar si estaban o no bien proporcionadas. Los investigadores compararon la activación cerebral  ante las obras canónicas con la que ocurría cuando se contemplaban las modificadas. Esta comparación servía para detectar las estructuras neuronales implicadas en la apreciación objetiva de la belleza. Para la valoración de la belleza subjetiva se analizó la activación ante las obras que cada sujeto consideraba bellas frente a las que había considerado feas. 

Pues bien, los resultados del estudio mostraron que en la primera situación, en la que no había interferencia de demandas cognitivas, la observación de las obras originales frente a las modificadas  generaba una mayor activación en ciertas zonas cerebrales. Se trataba de áreas moldeadas por la selección natural a lo largo dela evolución y con funciones muy adaptativas.  En cambio la segunda tarea creaba una mayor actividad en zonas que, como la amígdala, están muy relacionadas con la experiencia emocional del sujeto, lo que indicaba que la belleza de los estímulos estaba siendo juzgada no en función de parámetros objetivos del objeto, sino que fueron asociados con recuerdos cargados de valores emocionales positivos para el sujeto -esto me trae a la cabeza el tan traído punctum barthesiano-.

Estos resultados llevaron a los autores a concluir que en la apreciación estética  influyen tanto factores objetivos (armonía cromática, regla de tercios, sección áurea, equilibrio compositivo)  como variables subjetivas relativas a las modas, y a nuestra formación y experiencia personal. Por lo tanto, parece que el libro de los gustos no está en blanco, sino que nuestra historia evolucionista ha marcado en nuestros genes unas preferencias por determinadas  configuraciones perceptivas. Cabe por tanto pensar que  una vez que la moda o novedad expira la valoración subjetiva de una obra tenderá a perder importancia  quedando al desnudo su esencia  artística más objetiva (tengo mis dudas) . Y es que como escribió Gombrich "los elementos de una obra artística que determinan  cómo la valoramos estéticamente  están profundamente relacionados con nuestra herencia biológica", "lo demás es el tango, el tongo y la vecina y los cuentos corrientes del banco y del tebeo." Esto último no lo escribió Gombrich.


La revista "Psychology of Aesthetics, Creativity and the Arts" ha sacado recientemente un número monográfico sobre Neuroestética.