viernes, 23 de agosto de 2013

Fotografía y Psicología: El espacio negativo (Fondo y Figura)



Resulta curioso el anhelo de nuestros sentidos por encontrar elementos perceptivos en los que anclarse, como si la ausencia de señales visuales o sonidos distinguibles nos abocase al vacío existencial. Cuando nos enfrentamos a un mundo visual homogéneo sin ningún tipo de referencia, por ejemplo inmersos en una densa niebla, nos sentimos tan perdidos y desorientados que nuestro cerebro comienza a fabricar alucinaciones en un intento de proporcionarnos aquello que la realidad nos niega.

Nuestra mirada trabaja continuamente por separar la figura del fondo centrando nuestra atención en aquellas configuraciones perceptivas que nos resultan más interesantes. La figura se acerca a nosotros, incluso cuando se haya en el mismo plano que el fondo. Nos seduce, nos atrapa sin que podamos apartar la vista de ella. Una vez que ha sido escrutada con detalle tal vez el fondo interpele nuestra atención y ahora llegue su turno, pero el suyo será un papel secundario. Es cierto que en algunas ocasiones el fondo puede resultar tan interesante como la figura, pero incluso en esas ocasiones nuestro cerebro no podrá percibirlos simultáneamente, y nuestra mirada tendrá que hacer un esfuerzo para verlos secuencialmente, pasando del fondo a la figura y de la figura al fondo, como en el caso de esas figuras ambiguas  diseñadas por Escher para confundir al cerebro del observador o del vaso de Rubin (aquí).

En el mundo de diversidad que habitamos cada uno es libre de seleccionar aquellos elementos de su entorno que atraigan su atención como figuras, que serán aquellos que le provoquen la reacción emocional más intensa. Unos se sentirán más atraídos por ese pequeño detalle lleno de color, otros por la silueta de ese grupo de personas a contraluz o por la configuración geométrica que dibujan una hilera de farolas y sus sombras. No obstante, y a pesar de esas diferencias individuales, hay factores que influyen en que algunos elementos resalten como figura por encima de lo que les rodea, como el hecho de tener un contorno definido, algo de lo que suele carecer el fondo, el ocupar un espacio menor  o tener mayor nitidez.

Cuando el fotógrafo captura una imagen lo hace guiado por lo que su cerebro ha captado previamente, y si quiere que quienes observen después su foto se sientan igualmente atraídos por esa configuración de figura y fondo, y vean o sientan lo mismo que él, podrá servirse de algunos trucos para transmitir su idea:

  •         Utilizar el ángulo o punto de vista de la cámara que muestre de forma más clara la información deseada sobre el elemento o sujeto principal y minimice la importancia del fondo.
  •          Emplear la iluminación de forma que haya más detalle, forma y textura en la figura, y que aumente la separación tonal entre ella y el fondo.
  •           Utilizar una profundidad de campo y la distancia focal que nos muestre más nítidamente al sujeto principal, y desenfoque el fondo.
  •           Procesar la imagen jugando con el contraste global, y con la sobreexposición y subexposición de zonas para resaltar el protagonismo del elemento deseado. Uno de los errores más comunes de quienes comienzan a procesar sus imágenes con Photoshop o programas similares es el de, al  trabajar por zonas, tratar de dar la mayor luz y sacar la mayor información posible de todas las áreas de la imagen, sin tener un plan de antemano acerca de hacia dónde quieren dirigir la atención del observador. 

A pesar de la importancia de la figura y de su indudable papel estelar, no debemos infravalorar la importancia del fondo, o de lo que en fotografía se suele denominar espacio negativo. Y es que ambos son interdependientes, no podrían existir el uno sin el otro, incluso en algunas ocasiones este espacio  negativo llega a convertirse en un protagonista principal de la foto, por lo que también es importante que el fotógrafo sepa cómo servirse de él para aumentar el impacto de sus imágenes. John Suler nos proporciona algunas ideas al respecto:

  •        Distribuir el espacio. Cuando centramos demasiado al sujeto el espacio negativo o fondo tiende a quedar neutralizado, creando una imagen estática y formal. Puede resultar más interesante descentrarlo, para así activar ese espacio negativo y crear cierta tensión entre fondo y figura.
  •          Esa tensión también puede incrementarse cuando damos forma a ese espacio negativo, como al encuadrarlo dentro de una puerta o ventana en primer plano. En esos casos el espacio negativo puede tener un contorno que haga eco o compita con el de la figura, y el ojo se desplace alternativamente de fondo a figura, creando una sensación de tensión y movimiento.
  •        Jugando con su tamaño.  Aquí es difícil dar reglas generales, ya que dependerá de lo que pretendamos con nuestra imagen. Algunos fotógrafos gustan de crear un equilibrio armónico entre  el espacio positivo y el negativo, puesto que si demasiado espacio negativo puede hacer que el sujeto parezca perdido o insignificante, lo contrario podría impedir que respirase por encontrarse en un encuadre muy cerrado que resultase agobiante. No obstante este equilibrio no siempre será necesario o deseable, y en algunas ocasiones puede ser interesante inclinar la balanza del lado del espacio negativo para mostrar una figura empequeñecida o ridícula.
  •           Proporcionando una dirección a la mirada y una sensación de movimiento que puede complementar o contrastar con la dirección del movimiento de sujeto. Cuando el espacio negativo o fondo se sitúa por abajo del sujeto crea un movimiento vertical ascendente y una sensación de optimismo, la contrario de lo que sucede cuando el espacio está en la parte superior de la imagen. Si hay más fondo a la derecha de la figura  esta se desplazará hacia la izquierda, y hacia a derecha si el fondo se sitúa a su izquierda.
  •          Generando una reacción emocional. Por lo general, cuando el espacio negativo es abundante el observador puede experimentar sentimientos de soledad, ausencia, limpieza, pureza, calma o simplicidad.

Zakia, R. D. (2013). Perception and Imaging. Photography- A way of seeing (4th ed,). New York: Focal Press.



domingo, 4 de agosto de 2013

Fotografía y Psicología: El Momento Decisivo II



Continuación:

7.  El momento decisivo conlleva imágenes sinceras de gente en situaciones cotidianas de la vida real. Y es que debería incluir en el encuadre a personas capturadas de forma espontánea mientras viven, trabajan o se mueven por la ciudad en sus quehaceres cotidianos. Son imágenes auténticas, sin ningún tipo de fingimiento, en la que los sujetos ignoran que están siendo fotografiados y no posan para el fotógrafo. Esto es importante ya que el efecto Hawthorne indica que las personas cambian su forma de actuar y su expresión corporal cuando se sienten observados, por lo que si queremos que su expresión sea totalmente natural y refleje el verdadero fluir de la vida, la foto debería tomarse de forma disimulada. La pequeña y manejable Leica, junto a su habilidad para mimetizarse con el ambiente, permitió a Bresson capturas increíbles de situaciones reales. No obstante, las cosas han cambiado mucho con la proliferación de cámaras y fotógrafos callejeros que ha traído consigo la fotografía digital, y cada vez resulta más complicado realizar este tipo de tomas sin entrar en conflicto con consideraciones de tipo ético y legal. A veces no queda otra que declararse insumiso de las leyes que regulan la toma y difusión de imágenes.

Por otra parte, supone también un compromiso de no alterar la toma inicial con un procesado que la desvirtúe, añadiendo o quitando elementos de la captura original, alterando los colores de forma poco natural, o modificando de forma acusada el contraste o el enfoque.  No obstante, la fotografía digital actual es mucho más versátil, y estaríamos dispuestos aceptar como verdaderos reflejos de la realidad un mayor rango de modificaciones en el raw original.

8. Un imagen significativa que emocione. Este es un aspecto difícil de conseguir mediante la composición, el juego entre figura y fondo, y el contenido profundo de la imagen. Una foto ideal de un momento decisivo debería provocar lo que Roland Barthes denominó "punctum", una intensa emoción que atrapa y sacude al observador. Observando muchas de las fotos de Cartier- Bresson sentimos esa punzada sin que seamos conscientes de qué detalle de la imagen es el que nos conmueve, y es que con frecuencia se trata de asociaciones inconscientes creadas por la foto con una importante resonancia afectiva en nuestro mundo íntimo. Puede ser el recuerdo de alguna situación vivida en el pasado, un gesto que nos recuerda a alguna persona significativa, una  atmósfera que nos retrotrae a nuestra infancia, etc.

Pero si el momento decisivo impacta en el ojo y el corazón del observador, se debe en gran parte a que el fotógrafo vivió un estado de gracia cuando tomó la foto, un momento de claridad y conciencia plena en el que la escena también resonó con fuerza en su mundo afectivo. Un impulso, con frecuencia inconsciente, le llevó a prever la importancia del momento y la relevancia de la escena que discurría ante sus ojos antes de disparar. Eso dotó a la imagen de su fuerza y su significatividad. En palabras de Cartier- Bresson,  "fotografiar es colocar en un mismo eje la cabeza, el ojo y el corazón", y es que fotografiar es una manera de vivir. El mundo se ve diferente a través del objetivo de la cámara y una vez avistada esa realidad resulta difícil, si no imposible, prescindir de esa forma de mirar.